sábado, 10 de marzo de 2018

RULO ES AMOR


Rulo llegó a mi vida desde una imagen en Facebook. Lo vi tan desvalido, tirado en la calle, sobre un cartón, su pelo sucio y rastoso, su cuello una mancha roja. Alguien no fue indiferente y solicitó ayuda para rescatarlo. Alguien puso su auto a disposición. Y hubo personas que tejieron y tejen a diario esa matriz solidaria, veterinarias que abren sus puertas y brindan su atención, gente que acercó un poco de dinero, una sabanita... Rulo me conmovió. Como tantos otros cuyas fotos vi en internet y pensé en ayudar y no lo concreté. En muchas ocasiones he rescatado animales, gatos y perros, que encontré en la calle. Algunos se quedaron viviendo conmigo, a otros les busqué adoptantes. Pero esto era diferente. Era integrarse en una matriz, una responsabilidad colectiva. Exponerse con todos los riesgos que eso implica. Pero Rulo pudo más. Llegó a casa desvalido, ya pelado, arrastrándose apenas. Su cuello era casi ancho como sus costillas, de hinchado. Ojitos tímidos. Rulo me enseñó a querer en tránsito. A apreciar que cada individuo es único, valioso por sí mismo, más allá de raza o color, de aptitudes físicas. Rulo no era ni es mío. Cuando uno adopta una mascota, dice "mi perro" "mi gato", se los "apropia" con cierto instinto de posesión, de dominación, de superioridad. Pero cuando tenés a un animal en tránsito, es diferente. Lo amás, lo cuidás, te ocupás y preocupás y sabés que vas a dejarlo ir y que todo ese amor que le das lo prepara para un futuro en otro sitio, con otras personas, con experiencias de las que no serás parte. Rulo es un perrito que llegó a mi vida porque yo necesitaba, seguramente, hacer esa experiencia y pensar y sentir lo que he pensado y sentido estas dos semanas. Llegué a la vida de Rulo porque me necesitaba, precisaba atención, contención, paz, estímulo, aceptación de sus dificultades e imperfecciones. Rulo se va a ir. Yo me voy a ir. De alguna manera sutil, me deja enseñanzas que tienen relación con mi vida, con mis hijas, mi terruño, mi hogar. Todos estamos en tránsito. En la vida, en nuestras casas, en la vida de nuestros seres amados, padres, hijos, amigos, amores. Transitamos y nos transitan. Tendemos a aferrarnos a alguien, a algo. A pretender permanencia. Ilusos. Mi padre transitó esta tierra. En enero, se hizo cenizas en el viento. Mis hijas ya no me pertenecen. Nunca me pertenecieron. Y viceversa. Hemos transitado estos años juntas, imbricadas bajo el mismo techo. Debo dejarlas ir, debo permitirme partir. Sin culpa, sin miedo, sin drama. Es la vida. Confiando en que lo vivido fue lo justo y necesario y una milla extra. Que les di lo mejor que pude, mi amor, tiempo, palabra, experiencia y ejemplo. Rulo no apareció en mi vida de casualidad. Con su pequeñez de pocos centímetros me dio una gran lección que tenía que aprender: a ser "desprendido". Rulo no fue ni es ni será "mío". No poseemos a nadie. Ni a nada. Ni nos poseen. Elegimos cuándo y dónde y con quien estar. Y nos eligen. Y eso es temporal, transitorio. Pero el amor, el amor siempre está, es el sustrato de estas relaciones que se mantienen, invisibles, más allá de la convivencia, más allá de la muerte, de la distancia, del tiempo. Mi familia, mis padres, mis hermanas, mis hijas: mis amigos, mi hogar... yo misma... mero tránsito, transeúntes unos en los otros, compañeros de viaje.. Siempre, Rulito hermoso, va a estar en mi corazón...

https://www.facebook.com/nanim.rekacz/videos/10151981256077984/

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