jueves, 15 de marzo de 2018

LA VEJEZ

Y un día seré vieja. Quizás enferma, o peor aún, postrada.
No serán suficientes mis ingresos jubilatorios para pagar remedios
o enfermeras,
tal vez no tenga casa.
Me pregunto si entonces aquellos que disfrutaron
mi generosidad y hospitalidad
ofrecerán gustosos su hogar
para que viva,
aceptarán que no aporte ni un centavo para gastos,
limpiarán mis suciedades,
pondrán orden en mi caos
y dejarán que haga y deshaga a mi antojo
como si fuera
dueña y señora.
¿Me permitirán mirar a gran volumen (atento mi sordera)
mis programas favoritos en su televisor?
¿Podré dejar las chancletas olvidadas en el living,
los azulejos mojados en la baño después de bañarme,
y reclamar si me tocan el cepillo de dientes?
¿Me dejarán gozar de todos los beneficios
sin dar gracias
ni ofrecer alguna recompensa?
Seguramente podré dormir hasta tarde
y nomeimportarme todo
total,
ya habré dado antes suficiente
y podré considerar mi recompensa
ese cuidado amoroso
y tardío.



No hay comentarios: