jueves, 13 de julio de 2017

ANECDOTAS DE LA FIEBRE MUNDIALISTA


Dos muchachos juegan en la calle con una pelota de fútbol enfrente de mi casa. 
Lo hacen a diario, a la tarde y por la noche.  Pum, pum, pum, se escucha el sonido del violento contacto entre sus zapatillas y el cuero tenso del balón. Pareciera que nunca se cansan. De vez en cuando golpea contra algún portón con una estridencia de chapa. Un par de veces cayó en mi patio y me pidieron se la devuelva. Otras, escuché tremendas frenadas para evitar atropellarlos (es una avenida y circulan muchos vehículos).
Ayer me sobresaltó una fuerte explosión: PUM! Me asomé a la ventana: un colectivo había acabado con la pelota, que yacía destrozada bajo las ruedas.
Ellos no podían dejar de reirse mientras el chofer y los pasajeros los increpaban.
Hoy, a la hora de la siesta, reanudaron su juego con una pelota nueva. 




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