jueves, 15 de junio de 2017

Y QUIZÁS


Y QUIZÁS un día lluevan peces
y panes
y se derrame el cielo en viandas,
tal vez caigan frutas maduras
y se desborden desde las alturas
lechugas y tomates.
Y allí estaremos recogiendo
en los delantales,
en palanganas,
riendo con ese bombardeo alimenticio
que nos mancha los vestidos
y nos arrojaremos, felices,
las sobras.
Porque habrá tanto, pero tanto,
que los acaparadores no tendrán sentido,
los transportistas y revendedores quedarán en la ruina,
los formadores de precios, los mayoristas
verán cómo se desploman sus acciones en la bolsa
y los gobiernos
asumirán su incapacidad para regular la lluvia,
para apaciguar los truenos, para desviar los vegetales
a sus tiendas de acopio,
y no podrán cobrar peajes a las escurridizas nubes
proveedoras.
Ay, cómo quisiera estar viva ese día
en que los dioses decidan
dejarse de hipocresías y discursitos sagrados y rezos,
sueño con esa jornada lluviosa de alimentos,
cuando los dioses repartan
bendiciones de forma más pareja.


#NRenPR

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