miércoles, 14 de junio de 2017

POR NO MORIRME


Llega un día en el que uno descubre -o asume- que seguir viviendo no tiene sentido. Que lo vivido no ha tenido sentido, al menos, no el que uno creía. No se trata de querer morir, sino de no tener más deseos de vivir.
Y ese día es mejor hacerse a un lado, apartarse, y dejar que el mundo siga andando sin uno. No va a acabar el universo. Nadie es imprescindible, ni siquiera necesario. Pido perdón por los que lastimé, agradezco a los que me quisieron bien.
Dí lo que pude, como pude. Hice lo que pude, como pude. Seguramente cometí mas errores que aciertos. Lastimé a personas, y tengo heridas que no busqué. Me duele la vida, pero no sé morirme. Quisiera, simplemente, desaparecer. Y que me olviden.
Sería más fácil, tanto más fácil, no despertar mañana. Es más, quisiera ni siquiera tener que hacer el esfuerzo de dormirme. No puedo volver el tiempo atrás, la vida atrás, elegir otros caminos. Soy esta que soy y no puedo evadirme.
¿Se puede escapar de lo que uno es, de las consecuencias de sus actos, sus silencios, sus omisiones?
Abrir la puerta ahora, salir a la calle, caminar sin rumbo, sin aviso, sin otro deseo que perderse en la nada. Total, a quien le importa, y si a alguien le importa, igual no sirve, todos portamos nuestros problemas. Yo ya estoy cansada de vivir, pero no sé dejar de respirar.
Me equivoqué, viví creyendo estupideces, viví transmitiendo estupideces y además lo hice mal. Pido disculpas aunque eso es también una estupidez. La palabra ya no me sostiene, ya nada me sostiene de este lado de la cordura.
Dicen que los suicidas no avisan, no estoy avisando nada, porque no sabría suicidarme. Pero se puede estar no vivo estando vivo, y yo siento eso, que tengo hacia atrás, una no-vida y esta es una no-vida y mañana es una no-vida.
Ya es tarde para cambiar el pasado, para modificar el presente, y el futuro es una consecuencia de toda esa idiotez que han sido estos 47 años que, para el universo, no son nada. Y no son nada. Yo no soy nada.
Lo que creí valores, no lo eran, Lo que creí ejemplos, no sirvieron. La reciprocidad es una utopía. Los vínculos familiares, amistosos, amorosos, son una trama que suele ser más cercana a la tragedia que al realismo mágico.
Necesito un conteinner donde arrojar todo mi pasado, mi vida, toda, mis sueños, mis aspiraciones, mis recuerdos, mis abrazos, mis palabras. Sobre todo las palabras, cuanto más escribo, ahora, cuanto más me leo, más idiota me siento. Creo que no debería volver a escribir más.

PD: Estados en Facebook del 14 de junio de 2011
Un recordatorio de que cuando se está en el pozo, se puede emerger. Que la vida siempre nos sorprende con situaciones, paisajes, personas que se nos cruzan en el camino. Que si seguimos viviendo podemos adquirir nuevas perspectivas sobre aquel pasado y ese presente que podría haber sido nuestro último día sobre la tierra.
Si ese día no hubiera sobrevivido, no habría publicado mis dos libros, ni habitado en el Caribe, ni aprendido a nadar, no habría sido enamorada por mis tres nietas, ni habría descubierto que el planeta tenía unos colores espectaculares que mis cataratas ocultaban. No habría visto a mis hijas madurar y ser madres. No habría extasiado mi cuerpo ante esta naturaleza pródiga ni conocido a tantos nuevos amigos de sensibilidad y talentos extraordinarios. No habría vuelto a creer en la posibilidad del amor. Hice y viví mucho durante estos seis años, envejecí, engordé, me arrugué. Me dolí hasta la náusea. Me deprimí hasta la internación psiquiátrica. Toqué el cielo con las manos. Atravesé el continente varas veces. Destapé dos veces un anfiteatro. Subí una montaña. Saboreé quenepas, fruto estrella. Caminé playas blancas y doradas en océanos turquesas y tibios. Atravesé la Cordillera de los Andes y toqué el Océano Pacífico. Vi a mi padre irse en el humo y acompañé a mi madre en ese momento de despedida. Si ese junio hubiera sido mi último junio, no habría visto peces de miles de colores nadando bajo el agua, ni acariciado una boa llamada Matilde,  ni besado las mejillas sonrosadas de Xanthé y de Ambar, ni me hubiera extasiado viendo su crecimiento, oyendo sus risas, amándolas sin límite.
Hoy sé que aunque todo el universo pareciera un infierno, no voy a apartarme. Voy a sobrevivir. Voy a volver a asombrarme una y otra vez, y otra vez. Voy a tocar con mis propias manos a Esmeralda, pronto.

No hay comentarios: