jueves, 15 de junio de 2017

DAR LAS GRACIAS


Los atardeceres en el río estarán por siempre ligados al recuerdo de mi padre y de mi madre.
A ellos siempre les gustaba quedarse hasta última hora, cuando ya todos habían vuelto a sus casas, el bullicio de los niños jugando y el rumor de las conversaciones de adultos era reemplazado por los pájaros. Quedarse hasta que el sol se ponía tras la isla dibujando atardeceres coloridos y disfrutando su espejo en el agua, un cuadro móvil y cambiante.
Nunca vimos dos atardeceres iguales. Estirábamos los minutos hasta que nos envolvía la oscuridad, cuando ya las estrellas y a veces la luna tomaban posesión el cielo.
Entonces, acarreábamos las sillitas y los bolsos hasta el auto y antes de irnos, siempre, siempre, mamá agradecía por el día que la vida nos había obsequiado.



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