sábado, 20 de mayo de 2017

MANGO NO ES MANGÓ


Cuando en las horas de siesta
la acaramela el calor
 y en la hamaca se desnuda,
Mayagüez sabe a mangó"
escribió el poeta Luis Llorens Torres 


Y así fue como vine a descubrir que aquellos mangos que comprara y comiera en Argentina no son estos mangó acentuados de Puerto Rico, menos aún los de Mayaguez, capital del mangó. No saben igual, ni huelen igual.
Fruto dorado, dulce y fresco, una joya apreciada y costosa en mi lejano sur y aquí es casi una plaga. Abundan los enormes, gigantescos árboles por las calles, las plazas y las casas. Las copas están pletóricas de frutos, cuento en cada rama unos cincuenta, multiplico y me asombra calcular que hay mil por árbol, quizás más. Escucho todo el tiempo cuando crujen las ramas al ir cayendo cuando están en su punto y luego, el golpe sordo contra el suelo. Frente a mi alojamiento hay tres árboles más altos que el edificio de cinco pisos y se asemejan a pinos navideños saturados de borlas. Sobre la vereda y en el asfalto, cientos de mangós se acumulan, plop, crash, plop, ruedan calle abajo, alfombran de amarillos en diferentes tonos los pastos siempreverdes. Los automóviles los pisan. Los insectos aprovechan los rotos. Emana un aroma dulzón de los más maduros. Alguien pasa con una bolsa y junta los que lucen mejor y yo hago lo mismo. Me lleno las manos, los brazos, los bolsillos, el bolso... Y luego me río porque siguen cayendo, plop, crash, plop. Son más de los que se pueden juntar y comer. 


Tierra pródiga ésta, como pocas, como ninguna que conozca. Una tierra que produce alimento hasta en las calles, que ofrece en demasía sus entrañas. Mangó, panas, quenepas, guineos, cocos... allí por donde pase los frutos crecen y están al alcance de las manos. Cómo ser pobre y pasar hambre en este territorio donde el maná no requiere de milagros de dioses? 
No soy creyente pero comprendo por qué tantos dicen que éste es un país bendito.


#NRenPR

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