jueves, 6 de abril de 2017

SOLILOQUIO


Hay tiempos y lugares en los que el simple acto de nacer  constituye un delito. Donde ser niño es sinónimo forzado de víctima propicia. Personas  que antes eran un posible efecto colateral se convierten en objetivo primario.
Nacer vivir morir deja de ser un proceso natural y se transforma en catástrofe o martirio.
Un cóctel de homicidios y suicidios, asfixias y estallidos, disparos y hambrunas, pestes y exilios se bebe de a sorbos, de a baldes, nos llueve como azufre, nos perfora el estómago.
Agobia la maquinaria humana que tritura individuos, minorías y diversidades, que impone el signo pesos como el Dios omnipresente, único y eterno.
Billete talismán.
Moneda compradora de conciencia.
Entonces nos recetan las pastillas, nos encierran en prisiones diciendo que son shopping, nos venden futuros a cambio de instantes que nos roban.
Desastre contra natura es esta costumbre de aferrarnos a los hábitos, a la legalidad del sistema, a la corrupción inherente a la política, a seguir a los líderes sin cuestionarlos.
Hemos perdido la capacidad de crear un mundo nuevo, de reinventar fórmulas caducas.
Repetimos hasta la estupidez los mecanismos.
Hasta los marginales se acostumbran a los márgenes y los revolucionarios se acomodan en esa estrecha izquiernidad perenne que les otorga existencia irresponsable.
Urge que trastocar todo.
Pasar por la trituradora las consignas perimidas, los métodos de lucha fracasados, desarticular los programas.
Nacer de nuevo de nosotros mismos en un parto doloroso y libertario.
No más masa cordero ni liderato impuesto ni verticalismo fácil ni pseudodemocracia.

Hay que ser dioses y eso aterra. La libertad suele ser un grillete que elegimos.

#NRenPR
Sala de espera del psiquiatra.

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