jueves, 27 de abril de 2017

DECLARACIÓN


Estoy retomando el control de mi existencia.
Sé que me duelo y me altero periódica y alternativamente,
que las emociones suelen sobrecogerme,
que paso de la quietud contemplativa a la superacción,
de la socialización al aislamiento.
Lo sé,
lo han llamado trastorno del estado de ánimo pero es la vida
atravesando el alma y el cuerpo.
Me han diagnosticado depresión
pero yo sé que es la nostalgia y la frustración
por los límites y las distancias,
por las realidades que no cuadran con las expectativas.
Sé que lo normal es el cambio constante y la crisis,
la taquicardia ante los hechos del mundo,
la tristeza y la risa a carcajadas,
el llanto desbordado.
Es normal sentir o así debiera ser,
pero no, se supone que todos debemos encajar
mullidamente,
en el casillero de la estabilidad constante,
ser maquinarias eficientes y exitosas
siempre corderos dóciles, simpáticos, adaptados
sin dolor ni miedo,
con una sonrisa cordial que apenas muestre blancos dientes,
prolijos en el vestir y medidos en los modos,
las uñas limpias, el antitranspirante ocultando
el inaceptable sudor.
El sistema nos pretende obedientes, sumisos,
conformes y previsibles,
nada de enojos por injusticias, de reclamos fuera del esquema,
de rebeldía y denuncias,
no, no, no... la burocracia nos exige datos fijos,
horarios, escritorios, muros, planillas, pagos...
Nos mienten: la excepción es la regla de los poderosos,
de los dueños de las reglas,
de los que redactan las leyes y las ejecutan
y juzgan su incumplimiento,
ellos fluyen por los márgenes de los formularios,
se infiltran por las normas,
construyen universos paralelos y nos fuerzan a ser sus sirvientes
amenazándonos con infiernos en los cielos y en la tierra,
hostigándonos y castigándonos con multas y prisiones
y gases lacrimógenos y etcéteras etcéteras.
Toda la maquinaria funciona
aunque cada tanto se resquebraja
y entonces aparecen los misioneros distribuyendo culpas
los represores locales,
los voceros de los organismos supranacionales,
los asesores de los asesores de los asesores
que a cambio de millonarias sumas nos dicen
como pagar las millonarias sumas
que jamás percibimos.
Pero claro, no olvidemos el detalle:
reaccionar no está bien visto,
levantar la voz es inapropiado,
cuestionar la cadena de mandos es sedición.
Por eso previenen esas anormalidades
con diagnósticos:
a lista de síntomas indicativos de alteraciones psiquiátricas
que requieren pastillas, inyecciones,
internaciones transitorias, aislamiento,
es cada día más extensa.
Y el niño que se aburre o juega mucho es medicado,
y el joven que cuestiona todo es medicado,
y la mujer es medicada por ser mujer,
y los homosexuales son considerados enfermos,
y así...
la diversidad es destruida en aras de la homogeneidad
publicitada como globalización.
Entonces corrijo:
estoy retomando el descontrol de mi existencia
el subeybaja tobogán hamaca calesita de mis días,
ya no aplanados por las dosis de sertralines y suprapiones
bebiendo del surtidor de ficciones de mis sueños
ya no embotados de lorazepanes.
Y sí, lloro y me río y callo y grito y gozo y sufro,
y salgo y hago y cuestiono
y declaro:
no estoy enferma, estoy viva y siento.

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