miércoles, 19 de octubre de 2016

DES-HACERSE


Al amanecer se levantó, como siempre, en el silencio amplio de su casa vacía. Vistió las mismas ropas que el día anterior. Se hizo unos mates, escuchó de fondo algunas noticias en la tv. Miró por la ventana el cielo ancho, oyó los pájaros en el jardín, dio de comer a los gatos.
Toda la memoria pesaba en las entrañas. Imágenes de recuerdos se entremezclaron, desde su infancia hasta el presente. Se recordó pequeña hija, se vio joven embarazada, se vio hija madre, se presenció hija vieja y madre sola. Sola. Toda la vida pesaba, una montaña a la que había ido, insistentemente, y ahora se le montaba encima, le doblaba la cintura, le quebraba los tobillos, le arrancaba lágrimas.
Si pudiera volver a nacer... no nacería, se dijo.
Apagó la tv, dejó el mate frío y la pava en la cocina, les hizo caricias a sus gatos ya dormidos.
Tomó al azar un álbum de fotos de momentos felices, creídos para siempre alguna vez. Pensó en todos los sueños y las luchas que se desvanecieron en desencuentros, desamores, fracasos, olvidos y dolor. Sobre todo dolor. Y tristeza. Se dio cuenta de que no estaba sola, que la tristeza era compañera, la de antes, la de siempre, constantemente renovada y tumoral, abarcándole cada célula del cuerpo y del alma.
Miró su celular, aún sabiendo el resultado: no había mensajes, no había llamadas perdidas. Ningún mensaje ni llamada de esas que uno desea, espera, necesita, cree merecerse. Lo dejó sobre la mesa.
Tomó su cartera, un abrigo, las llaves. Abrió la puerta, salió, cerró. El cielo seguía siendo azul y los pájaros llenaban la mañana de trinos. Imaginó sonrisas, abrazos, celebraciones... en otras casas, con otros rostros, los rostros amados en otras casas. Vidas felices o no tanto...
Pensó que sería bello caer en un pozo en el país de las maravillas y no regresar. O atravesar el cristal y llegar al país del espejo, y ya no volver.
Se fue.


https://www.facebook.com/notes/nanim-rekacz/des-hacerse/10152374973851835

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