sábado, 24 de septiembre de 2016

OLIVER



Tuvimos (o nos tuvo) un caniche que reía.
Fue nuestro (o fuimos de él) tan sólo un año.
Pero puso patas arriba la casa y todo el universo.
Yo creo que no sabía que era un perro:
Jugaba por igual con nosotros, con los gatos, los peluches,
se sentaba en el sillón, dormía en la cama.
Aún siento la tersura de sus rulos entre mis dedos
y ese aroma especial que exudan los caniches.
Era demasiado pequeño para cruzar la calle solo.

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