viernes, 9 de septiembre de 2016

LA PREVIA



Necesito reencontrar la palabra escrita. En mi mente se construye la idea, se arman los personajes, se desarrolla la trama. Casi a punto de parirse, el cuento se desvanece frente a la pantalla. 
Me distraigo con noticias, fotos, trámites, el pronóstico del tiempo, la cotización peso argentino/dólar, Amazon. Pongo la ropa a lavar, miro por el balcón la salida del sol, escucho los pajaritos, los gallos. Preparo mates amargos.
Me siento en la computadora tratando de hilvanar las frases antes de que todo el tejido se desarme. Recuerdo un día como hoy antes de Facebook, en la infancia, trepando con mi hermana en los árboles. En la adolescencia, lidiando con ser distinta y no encajar en ningún sitio. Las oraciones del cuento imaginado y de mis recuerdos se entremezclan. Los personajes y los yo que he sido, danzan y juegan a las escondidas. Reconozco rasgos de seres conocidos en los seres de fantasía. Debo ponerles nombres para que no sean El y Ella, para darles entidad y que se crean que son.
Necesito reencontrar la palabra escrita. Escrita con coherencia y consistencia y verosimilitud, leíble por los otros, hallar un título sugerente y atractivo, descubrir en cuál género cabría esa ameba gelatinosa empeñada en no tomar forma, en carecer de esqueleto y epidermis, que no quiere llorar y respirar y lucha por permanecer allí, en mi cabeza, indeterminada y libre de párrafos y estilo de letra, sin interlineado ni márgenes, no imprimible.
Tomo otro mate y degluto la dosis diaria de Sertralina. Xeni me observa y sin maullido alguno muerde mi pierna para indicarme que tiene hambre y yo, su sierva, debe alimentarla.
Recojo las hilachas de la idea esparcidas, y me digo que quizás por la tarde, que tal vez mañana...


#NRenPR