viernes, 17 de junio de 2016

DECLARACIÓN DE NO-FE



Los creyentes religiosos me atacaron cuando mencioné que no creía en el perdón. Que no creía que pedir perdón fuera suficiente reparación a un daño. Que no creía que pedir perdón y perdonar restableciera un equilibrio trastornado. Me dijeron que perdonar alivia y sana, porque quien no perdona, sufre. Pues no. No me convencieron. Los gritos no se desvanecen, queda su eco en la memoria. Las heridas dejan cicatrices o amputaciones. Los muertos no resucitan. Los corazones lastimados se vuelven demasiado sensibles o en extremo duros. Cada falta de empatía, toda indiferencia, desamor, olvido, violación de acuerdos, deja huellas que el tiempo no repara. No, no me convencieron. No creo que con pedir perdón a alguien y que alguien te perdone se garantice la no repetición ni se reconstruya un vínculo. Creo que hay una cadena entre dañar (en sentido amplio), pedir perdón, ser perdonado y reiterar la actitud dañina en cualquiera de sus formas, hacia el mismo sujeto/víctima u otro. No. No creo en el perdón, esa falacia mística, ese paradigma perverso que permite la persistencia a lo largo de milenios de la posibilidad de actuar o no actuar, decir o no decir, sin que importen las consecuencias total, después puede uno disculparse y exigir a los otros la disculpa. Y el que no te perdona pasa a ser el malo, el injusto, el que no comprende. 
No, no creo en el perdón. 

#NRenARG

2 comentarios:

Ada Inés Lerner dijo...

Estoy completamente de acuerdo, Nanim y lo has expresado claramente.

Nanim Rekacz dijo...

POCOS ACUERDAN CONMIGO. O NO SE ATREVEN A DECIRLO.