miércoles, 7 de octubre de 2015

DOBLE VIDA



Por favor, amor, quédate quieto, no enciendas
la luz, no te levantes todavía, déjame
permanecer con mis niñas en la plaza.
Es domingo y traje las bicicletas, hacen carreras
y regresan a mis brazos, me dan besos
con aroma a chocolatada y medialunas.

Ojalá pudieras también verlas, no te muevas,
no rompas la magia, hace un instante
jugábamos con dinosaurios y muñecas,
dibujaba palotes con crayones y reíamos,
jajaja, cómo reíamos, tres niñas casi, en esa casa.
Shshsh, por favor, la tarde es divertida y fresca, soy joven
y tengo alternativas de rumbos por delante,
aún no te conozco ni te has ido, no he recibido
el diagnóstico de ceguera a incierto plazo,
no me clavaron el puñal de la traición fraterna y todavía
creo que el progreso humano es una hipótesis posible.
Ahí se acercan con mejillas sonrosadas
de girar por la pista en bicicleta, se detienen,
se acomodan los flequillos y me gritan
"Te quiero, mami", "Yo más", respondo, y van de nuevo.
Por favor, no te des vuelta, no me toques,
ni me digas buen día, sólo un poquito
más de esas sensaciones tan felices que vuelven
a apapacharme la nostalgia de lo sido.

Amanece y eso no puedo detenerlo, el sol invade
la habitación y se cuela en mis memorias y en mis huesos,
me borronea los rostros de mis hijas, sus voces
se diluyen, las risas enmudecen, el parque y mi casa
se derrumban sin escombros ni ruidos, me duele
en el pecho a la izquierda, oigo trinos, ladridos,
un trueno a la distancia, te escucho respirar a mi costado.

Hay siete mil kilómetros de América y Caribe
entre mis niñas y yo, ah, no, ya no son niñas... son mujeres,
tienen casi la edad que yo tenía en el sueño, una de ellas
es madre, soy abuela, te conocí, te fuiste y retornaste,
estamos juntos aquí en Puerto Rico,
la traición no la olvidé, mas ya no duele, 
abro los ojos y compruebo que aún veo, el mundo
ha cambiado, está peor que hace veinte años,
me convertí en escéptica, aventurera y escritora, 
engordé mucho, adelgacé un poco, me salieron arrugas y he vivido
tanto.

Me permito un instante más de duermevela, retomo
la escena en esos rostros infantiles, las abrazo, las beso, me despido,
les digo que mañana por la noche cuando estemos dormidas, iremos
a tomar sol y a bañarnos al río,
que las amo y que siempre, siempre, siempre,
hasta en sueños, pueden contar conmigo.


Miro la hora, son las seis. Emerjo de la cama, levitando.
Enciendo la computadora. Escribo.

#NRenPR


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