sábado, 19 de septiembre de 2015

PARADOJA


La peor parte de sentirse habitando el paraíso es que los afectos más entrañables no estén allí contigo y saber que probablemente, jamás lo estarán.
Se disfruta, pero todo el tiempo uno se imagina a los seres amados compartiendo caminatas, océanos, piscinas, bosques, amaneceres y atardeceres. Mentalmente conversamos con ellos, les señalamos detalles, nos parece oírlos o verlos con el rabillo del ojo. 
Evoco a mi mamá saboreando el Caribe brazada tras brazada, a mis hijas riendo a carcajadas en la pileta, añoro a mi papá a contraluz en la puesta del sol, a mi hermana fotografiando luna.
Las palmeras se recortan contra un cielo límpido, cruje la arena con la breve ola y los veleros duermen flotando en el horizonte.
Bebo jugo de naranja y café negro. Música boricua en los ecos, calor húmedo y todo el día por delante para sensibilizar las auriculas, ventriculos y las circunvalaciones del cerebro. 
Apalabrar, zambullirse, hacerse trozos y volver a armarse.

‪#‎NRenPR‬

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