jueves, 3 de septiembre de 2015

EL REGRESO


Abandonar la copa de vino por la mitad, dejar la conversación en suspenso, las frases con puntos suspensivos... 
Estirar la despedida, reiterar los abrazos, demorarse en el aroma, fijar las líneas de los rostros para que la desmemoria no las borre...
Tomar un taxi y rogarle que se apure, que ya es tarde para abordar el colectivo, imaginarnos corriéndolo arrastrando las valijas...
Y que al llegar nos digan que saldrá con hora y media de retraso, disculpe las molestias...

No hay reintegro por lo no sido.


Nos sentamos en la sala de espera, impotentes y rígidos.
Observamos al borracho durmiendo en posisión imposible de relajo en el banco duro, al niño que pide unas monedas, a la mujer que lidia con varios niños que gritan, corren, quieren caramelos, al supuesto vendedor viajante de traje y portafolio y valijita desgastada, a la señora obesa con señor obeso que mastican con la mirada fija en la nada y no hablan y transpiran, a la anciana de gesto severa rodeada de familiares que murmuran entre sí, ansiosos por la demora, a la parejita que aprovecha para darse más besos y prodigarse caricias extra y sonrisitas de melocotón maduro, a tres paisanos incómodos de espalda torcida y sombrerito, pañuelo al cuello y bolsa de residuos negra donde cargan sus cositas, varias adolescentes que hablan fuerte y miran sus celulares y escuchan música y flirtean con varios adolescentes que idem a la vez todo junto...
Pensamos cuál de todos ellos nos tocará en buena suerte o mala suerte de compañero de asiento, atrás o delante o al otro lado del pasillo, si roncarán, si olerán a sudor, si molestarán con chácharas y música...

Queremos lagrimear de incógnito. Dormir.


Llaman a abordar.


NR en PR

Texto basado en un estado de facebook del 3 de setiembre de 2012

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