viernes, 14 de agosto de 2015

MUDEZ


La palabra a veces es una anguila resbalosa entre las manos, cuando necesitamos asirla para ubicarla alli, en medio de esa frase, se nos escurre y nos deja huecos de contenido, con ese agujero de ser y la imposibilidad absoluta de expresión. Un sinónimo no sirve. Un sinónimo es un casi lo que queremos decir, pero no es lo que tenemos en mente o en el corazón. Miramos resignados el texto, y la anguila se retuerce entre los artículos y los conectores, parece sustantivo o adjetivo y no, apenas intentamos un acercamiento se esconde detrâs de un pronombre que se desnombra y se hace agua y entonces es todo barro.

Barro.

Te dejo libre, anguila. Andate y nadá, deslizate nomás. No trataré de atraparte y encerrarte entre alambrados de letras. Voy a dejar los huecos allí donde es imposible escribirte, porque no sé qué sos, sólo sé lo que no sos.

NR en PR

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