domingo, 16 de agosto de 2015

LA REPOSTERÍA CASERA Y EL AMOR


A propósito del Día de Niño...
Cuando los hijos crecen y se hacen adultos...


Grisel, mi hija menor cumplió 23 años el 30 de junio de 2015. Y yo estaba lejos, a 7.000 kilómetros de ausencia.
Ella, la madre de su novio, Marcela, le hizo una enorme torta de cumpleaños y la invitó a celebrar en su casa.
Vi las fotos. Todos sonreían, mi hija, su novio, los padres de él. Brindis, risas, charlas, y la gran torta.
Sentí una mezcla de tristeza y envidia por no estar alli. Porque era otra mujer, otra madre, la que la celebraba haciendo, con sus propias manos, esa torta.

Mi hija mayor, Leslie, cumplirá 25 años el 24 de agosto. Y yo sigo a gran distancia, a 7.000 kilómetros de ausencia.
He seguido por facebook el diálogo entre ellas, mi hija y Anna, la madre de su pareja. Mi hija le manda fotos y recetas de tortas para que ella elija alguna para hacerle y decorarle. Con sus propias manos. Ella sabe de eso, es gran repostera. Que si de chocolate, o crema, o frutas.
Si, lo confieso. Senti tristeza, y un poco de resentimiento o envidia porque sería otra mujer, otra madre, quien la celebraría a mi hija en su cumpleaños.

He reflexionado sobre esto porque tener esa clase de sentimientos no me resulta desagradable.
Y comprendí que estaba muy equivocada. Como un destello, se me apareció la verdad. Y ahora siento tremendo orgullo de haber criado a dos hijas capaces de despertar en las madres de sus parejas ese cariño y deseo de festejarles el cumpleaños, hasta el punto de hacerles, con sus manos y amor, bellas y deliciosas tortas.
Satisfacción. Misión cumplida.
Un poco de tristeza, de todos modos, me resulta inevitable. Es que son 7.000 kilómetros imposibles de atravesar físicamente.

En unos días verê por facebook o me enviarán por whatsapp las imágenes de la fiesta y de la torta, y habrá rostros felices, abrazos... Sé que dolerá, pero... qué ancha que estoy por haber criado dos personitas amorosas y amables (amables porque son amadas), independientes y capaces de vivir sin el cordón umbilical cercenándoles sus propios vuelos, sin culpas.

Gracias a Marcela y Anna, las madres de los dos Alexis. Y a los dos Alexis. Por quererlas, cuidarlas, estar ahi. Los 7000 kilómetros de ausencia hieren menos, porque sé que ustedes están presentes.

NR en PR


PD de 25 de agosto: Anna, además, es fotógrafa. Tomó muchas hermosas imágenes de la fiesta y, de yapa, filmó un video, en el que están mis hijas y mi nieta. Me dicen unas palabras, me saludan a la distancia. Para ellas tampoco es fácil, también duele.

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