martes, 4 de agosto de 2015

CONTINUIDAD DE LA SEQUÍA

Fue una llovizna pasajera, de esas que, como los que viajan largas distancias, se detienen apenas unos minutos en una estación y toman un café o van al baño y luego prosiguen su camino, sin dejar huella casi.
El cielo esta mañana aun se veia nublado, el sol cubierto no asomô rayos al amanecerse. Desde el balcón del condominio pude ver las veredas húmedas y el terreno de la cancha de fútbol brillando con algunas gotitas sobre el pasto; alli donde el césped ya se secó y no queda nada, manchones marrones en vez de grises.
El aire ni siquiera olía a agua ni a hierba mojada.
Tampoco hubo revuelo de pájaros, típicos celebradores de aguaceros.
Me dicen que aqui las lluvias, cuando llueve, llueven. Que se cae el cielo durante dias y noches, las calles se vuelven ríos en cuadrícula y las veredas, una batalla de paraguas de colores. Que la gente se pone pilotines transparentes sobre la ropa y la vegetación se revoluciona, se ponen las plantas a echar brotes y flores como locas.
Tengo muchos deseos de conocer la locura de la lluvia, sintonizarme con esa turbulencia y que me salgan muchas palabras, tener visiones, enfrutecer de historias.
Pero hoy por hoy, la sequia arrasa esta tierra pequeñita, pura orilla. Las nubes que vienen desde Africa pasan de largo, mâs al sur, mâs al norte, más alto, herméticas e indiferentes a los lagos y rios que esperan con la lengua afuera, sedientos. Y nosotros, humanos dependientes, 65% de agua, nos volvemos como pasitas de uva... 
Hay que ahorrar el liquido elemento escaso, es la mejor razón en estos días para evitar llorar...

NR en PR

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