sábado, 13 de octubre de 2012

Otra niña vendedora de cerillas - Nanim Rekacz


Un día de éstos abriré la puerta y la dejaré así, nada que esconder ni conservar detrás de mí. Saldré a la calle, sin importarme las baldosas flojas ni los desniveles. Y cruzaré en esquinas sin mirar el semáforo. Un día de éstos renunciaré a los mitos, no esperaré llamados ni acudiré a los turnos con los médicos. Ignoraré almanaques, olvidaré cumpleaños y sacaré un pasaje de ida a cualquier lado. Sé que vendrán conmigo los fantasmas, esos que habitaron debajo de mis sábanas y se desvanecieron en mañanas no llegados. Un día de éstos… Eso me digo cada mañana cuando el despertador me arranca de los sueños, cuando tomo a prisa unos mates, dejo el agua tocarme unos instantes, me introduzco en el uniforme cotidiano. Eso me digo cuando maquillo las ojeras, me calzo las sandalias, me perfumo, cuando controlo que esté cerrada la llave del gas, la puerta que da al patio con cerrojo; cuando pongo la alarma y me asomo a la vereda. Y ahí ya dejo de decirme nada, dejo atrás de mí a mí misma, y es mi yo mecánico autómata el que se suma a los cientos de miles que caminan las calles y los trenes y los subtes y se acomodan al sistema de oficinas y fábricas y mostradores y vidrieras y dineros. Un engranaje más, tan poca cosa, tan invisible y sustituible. Al finalizar cada jornada, regreso y me encuentro, ovillada en un rincón, mustia y llena de reproches y de culpas. Y me lloro la bronca y la impotencia, la flaca voluntad de desprenderme del mundo concebido por ancestros. Un día de éstos, un día de éstos…


Cuadro de Miguel Ruibal
Cuento inspirado en la lectura de un fragmento de Mujeres que corren con los lobos

No hay comentarios: