domingo, 21 de octubre de 2012

EL GALLO, LA VIEJECITA Y LA MANZANA - Nanim Rekacz

Escuché kikicocokikicoco y me asomé a la ventana y lo vi pasar, era un gallo caminando por la vereda vaya a saber buscando una gallina perdido o escapando de dónde. Apenas me vio salir a la calle se alejó al trotecito cacaquiriqueando o como se le diga. Al rato volvió y entró al patio pasando entre las rejas, con su griterío incomprensible. Atrapé su breve estadía con un par de fotos, pero se fue apenas salieron los gatos y el caniche a ver qué pasaba... Intentó cruzar la calle, pasó un auto tocándole bocina, regresó a la vereda y caockikicocokiko volvió raudamente a la vereda y se alejó sacudiendo las alas alborotado. No es que los gallos sean extraños, pero es la primera vez desde que vivo acá que veo un gallo libre por la calle de mi barrio.
El rato golpeó las manos una señora muy mayor vendiendo “pañuelitos bordados para la cartera de la dama”. "Quince pesos" me dijo. Son los últimos que me quedan. ¿Pañuelitos bordados para la cartera de la dama? Me dio mucha ternura y le dije que sí, busqué el dinero, me dio los pañuelitos y me pidió un pedazo de pan. "Porque me falta un largo camino para llegar a casa", aclaró, “y tengo un poco de hambre”. El único pan que había en casa estaba duro y seco y entonces le di una manzana roja. Me la aceptó. Se fue contenta con la manzano roja la viejecita vendedora de pañuelitos bordados para la cartera de la dama. Me quedé un momento esperando a ver si volvía el gallo, pero no regresó.

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