lunes, 18 de abril de 2011

Llegó del cielo - Nanim Rekacz


Anoche caminaba con mi hija Leslie por las calles del centro de Neuquén, disfrutando una temperatura excepcional, un cielo despejado que nos permitía ver con notodez la triangulación de la luna navegando como un bote, junto a Venus y Júpiter. Ibamos a un Café Martínez, la había invitado a tomar algo fresco antes de regresar a casa.
Por calle Juan B Justo, justo frente al banco, se nos acercó un cachorro. Pequeño, casi todo blanco y con algunas manchas marrón claro. Nos clavó una mirada de dos almendras y nos obligó a detenernos. Se paró en dos patitas, estirando sus manitas hacia nosotros, rogando un mimo. Sonreía (sí, sonreía) y hasta podría decir que se reía. Pero gemía. Un gemido que tenía palabars en nuestra mente.
Lo supusimos perdido, no parecía callejero. Pero perdido hace tiempo, su pelo sucio, mechones pegados, garrapatas. Sencillamente hermoso. Y solito.
Obvio, bastó que le habláramos con cariño, que acariciáramos su carita fina, para que se prendara de nosotras, y nosotras de él.
Me enamoré. Dijo Lesli. Y si nos lo llevamos? Dije yo.
Nos siguió mientars caminábamos, yo pensaba cómo llevarlo hasta mi casa. Vivo lejos. Los taxis lo tienen prohibido, en los colectivos no te dejan. Llamé a mi hermana. No podía (estaba en el observatorio mirando la luna); Llamé a María Leticia. Acordamos encontrarnos más tarde en Café Martinez. La invité una cerveza, obvio.
Lo alzamos para cruzar las calles, y lo dejamos a nuestros pies, debajo de la mesa del bar. Se quedó. Se hizo un ovillito y se durmió.
Es precioso. En este momento mis hijas lo han llevado a la veterinaria para que lo revisen, vacunen, bañen, etc. etc.
Aún no tiene nombre, Leslie quiere ponerle un nombre en japonés. Buscamos Triángulo Lunar, Perdido... no nos decidimos por un nombre que sea significativo, sonoro, simple.
Tinto, nuestro pointer, está ansioso, se asoma a la ventana y huele. Ya han sido presentados pero todavía no los hemos puesto en contacto físico. Los gatos lo han aceptado sin muchas vueltas. Es muy bueno, no llora ni ladra. Pero cuando lo sacamos al patio se asomó a la reja y ladró al primer tipo que pasó.
Ha sido un regalo de los astros, una demostración de que la familia se construye, se inventa, que siempre hay alguien más desvalido que nos necesita, que podemos dar aunque parezca que ya no tenemos más en nuestro interior que ofrecer.



El año pasado se nos fue... volvió al cielo.

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