viernes, 11 de marzo de 2011

Protagónico de testigo - Nanim Rekacz


Anoche en la televisión
Dieron un documental sobre sismos y tsunamis
Muy instructivo
Mostraba avances en estudios predictivos
Sistemas de construcción
Y de alarmas
Lo miré sentada en el sillón
Comiendo ensalada de frutas con crema

Esta mañana en el diario, por Internet
Leo que ha ocurrido el mayor terremoto en la historia de Japón
Ocho punto nueve grados escala de Richter
Mil cuatrocientos muertos
Olas a ¡ochocientos! kilómetros por hora
Y hay alerta nuclear
Tomo mate.

Habitamos el Planeta Tierra, pienso
Por ahora…

Mucho avance tecnológico… conquistamos el espacio exterior…
Persiste el hambre junto a las guerras (van de la mano, siempre)
Nos comunicamos al instante.

Estamos tan solos.


Post Data:
Los pibes de Gran Hermano, ni enterados,
duermen soñando sus juegos magistrales
creyéndose el ombligo del mundo
mientras se corre el eje de la Tierra.

Foto: AP



4 comentarios:

caly dijo...

Triste panorama Nanim, pero es mejor no ver, es mejor no hacerse problema por las cosas que pasan muy lejos. Desidia que le llaman.
Muy buena entrada.
Te mando un gran abrazo!!

anforaetrusca dijo...

Nanim, es la descripción de una escena absolutamente real, yo lo llamaría tambíén efecto anestésico de la lejanía, la imposibilidad de hacer algo. Tenés una capacidad de descripción y síntesis increíble. Crudo, hipodérmico.
Patricia Ferreyra

Nanim dijo...

Caly, me permito disentir, no creo que sea mejor no ver y no sensibilizarse por lo que sucede lejos. En mi caso, no es una elección, simplemente me sucede que siento y me preocupo y -en algunos casos- me ocupo y mi reacción normal es poético/literaria.

Nanim dijo...

Gracias Patricia por tu valoración de mi palabra. El "efecto anestésico de la lejanía" que mencionás existe, y también el que es producto de la saturación de información dramática porque sentimos que no podemos ayudar a todos y parece haber problemas en tantos sitios que terminamos olvidando o se nos pasa despapercibido que hay alguien en el barrio, la esquina, o en nuestra propia casa, que necesita una mano.