lunes, 3 de mayo de 2010

Causal determinante - Nanim Rekacz


Pude soportar que no me dejara seguir estudiando. También, que me obligara a tener sexo a la siesta. Aguanté que reclamara el regreso de los militares para poner orden en el país. Hasta el fútbol todos los domingos me resultó tolerable. Pero si hay algo que realmente no pude resistir, era esa costumbre de hablar con la boca llena. Los almuerzos y las cenas se volvieron una pesadilla.
Por eso lo dejé.
Así que, señor juez, le ruego que el día de la audiencia no le permita entrar con comida a su despacho. Si llego a escuchar otro crunch crunch mezclado entre sus palabras, no podré contenerme y en lugar de divorciarme, seré viuda por mano propia.


Cuadro de Miguel Ruibal reproducido con su autorización

3 comentarios:

Chelo Candia dijo...

jaja, muy bueno. me hizo acordar, no sé porqué, a un tío barbudo mío.
El tío tenía feo olor. Cada vez que se me acercaba a darme un beso, sentía un olor podrido que, al parecer, venía de la boca, o de sus dientes.
Años tardé en darme cuenta de que no era su boca.
Era su barba.
Esa profusa maraña de pelos que nacía casi sobre su labio inferior era un asqueroso basural de productos orgánicos eternos.
Los restos de comida que se deslizaban de las comisuras de sus carcajadas de sobremesa quedaban atrapados allí. Pedazos de fideos, migas de pan, aderezos, trozos de carne, huevos fritos y restos de embutidos.
Todo junto colgaba del mentón de mi tío. Y con el tiempo, "eso" se iba descomponiendo.
Y cada vez que el tío llegaba a casa, se le daba por darme un beso. Seguramente lo harán todos los tíos. Y los sobrinos los abrazarán contentos, y devolverán los besos. ¿no cierto?
Bueno. Para mi no había tortura mayor. Ver en tamaño gigante todo eso que mi tío tenía entre la pera y el pecho, y olerlo a cinco centímetros de mi boca, era un infierno.
Mi tío se murió un día. Y olió más que nunca.
Pero por suerte para mi, fue la ultima vez que mi nariz supo de su hediondez.

Víctor dijo...

Gueño ed cuedto, Nanim... espera, que estoy merendando... decía que bueno el cuento.

Un saludo.

Fernández dijo...

Brillante!!