lunes, 22 de febrero de 2010

La lluvia - Nanim Rekacz



El primer día fue fresco,
la llovizna asentó el polvo de meses de sequía
y los pulmones se hinchaban
oliendo la tierra que abría
sus entrañas.

El segundo día fue el fastidio
de la ropa húmeda,
los pies mojados,
la calle intransitable y el ruido
de las gotas en las chapas.

El tercer día la tristeza
le ganó la partida.
Aislado entre paredes,
incomunicado con el mundo,
la extrañó como nunca
a pesar de jamás haberla poseído.

Al cuarto tuvo miedo.
La calle era un río
de barro tumultuoso
arrastrando objetos,
cadáveres
y todas las culpas de los otros.

Al quinto día el hambre
se sentó a la mesa
y en la oscuridad absoluta de la noche
tropezó con memorias
y descuidos.

Al sexto día llovía
y él lloraba.
Lloraba con un llanto de tormenta.
Lloraba con gritos como truenos.
Lloraba sin testimoniales cámaras.
Lloraba diluvios.

Al séptimo día,
cansado de la espera del socorro
abrió la puerta,
miró hacia arriba la lluvia inclaudicable.
Se hundió en el fango
y fue a ayudar a su vecina.
La sin nombre, la de al lado.

La octava noche
los encontró durmiendo en un abrazo
sobre un lecho de techo,
bajo un techo de cielo.
Sudores y lluvias y llantos refundidos.

Cuadro gentileza de Miguel Ruibal

2 comentarios:

Daniela Lescano dijo...

Llegué a tu blog porque una amiga, Fabiana Calderari, te tiene entre sus preferidos.
Me encantó esta poesía, el clima y la musicalidad de los versos. Felicitaciones, muy hermosa!

Nanim dijo...

Gracias Daniela por tu visita y por comentar y tus felicitaciones.
Sentir decir y que llegue... es maravilloso.