martes, 23 de febrero de 2010

Abordar un libro - Nanim Rekacz


Un libro es una creación de otro que llega a mí.

Mi primera necesidad es saber de su autor, su vida, su tiempo. Necesito pistas referenciales al origen humano de ese hecho creativo. Establecer un diálogo con sus palabras me es imposible sin imaginármelo. Así descubro escritores o me los reencuentro, me asombran o me decepcionan. En cada libro hay un autor imaginariamente presente aguardando mi tránsito por sus itinerarios.

El aroma, la textura de las páginas, las ilustraciones, incitan mis sentidos. El volumen y temática me predisponen desde lo intelectual y lo anímico para leer en etapas a lo largo de días o en apenas unas horas. Unos libros requieren un esfuerzo extra, abrirme a ideas y emociones, involucrarme, tomar conciencia, y hasta actuar. Otros son remanso, un rayito de luz. Por eso los hay para leer en la cama antes de dormir, o sobre la mesa tomando mates y notas, o para degustar con un buen vino.

No abordo un texto de estudio de la misma forma que una novela o un libro de cuentos o poemas. Son distintos “yo” los que serán penetrados, absorbidos y regenerados. Si mi actitud es aprender, mi lectura intenta ser osmótica, aprehensiva, retener datos y captar las conexiones. Pretendo lograr construir mis propios conceptos resumiendo la esencia de lo comprendido y ser capaz de contárselo a otro. Si mi lectura está orientada al placer literario me dejo llevar, me implico llegando incluso a aislarme transitoriamente del universo real, al que me cuesta regresar. ¿O nunca leyeron una obra y sufrieron porque terminaba?

Cada libro me desafía, diciéndome ¿podrías escribirme? Y aún digo que no. Que algún día me atreveré a construir un barco con mi nombre en el astillero de mi vida. Mientras tanto, sigo navegando con placer y curiosidad en las barcas ajenas…

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