jueves, 27 de agosto de 2009

Post mortem pre vidium est – Rafael Vázquez & Nanim Rekacz


Llegaste con los rayos de la luz y el alba, toda mojada de rocío, como un parto de tulipanes en la fragante hierba. Traías acentos nuevos, indescifrables lenguajes, memorias diferentes, recuerdos confusos de raras entidades con otros sentidos. Eras fina piel colmada de infinito, etérea y abstracta, procedente de quién sabe qué sueños de soles, de quién sabe qué gestas lujuriosas de dioses. ¿De cuáles horizontes de astros procedías? Jamás supiste indicarme el lugar exacto, el origen ignoto de tu infancia. Jamás en qué lugar del olvido, desde qué millones de años de sombra de distancia. Demostración de la trama invisible que vincula las partes con el todo, el todo con las partes, tomaste consistencia adquiriendo la exacta apariencia de mis sueños.
Más nada atraviesa impunemente tanto espacio, ni cruza tantos límites y umbrales, salvo los dioses caprichosos. Nadie puede cambiar de cuerpo, de alma y vivir nuevas vidas que las predestinadas. Ser humana te unió a mí y a la vez te amputó. Te apagaste en mi regazo, como una estrella antigua. Sólo lo oscuro sobrevive al infinito.
Por eso ahora eres sólo sombra en los recónditos rincones del bosque, restos que deposito fríos en la fértil ladera del valle, a la orilla exacta del arroyo, al borde mismo del barranco donde te vi por primera vez. Siento aún en mi carne el íntimo contacto de la tuya, con más evidencia que la mía propia. Reconozco la ausencia exacta de las yemas de tus dedos, la comisura de tus labios, tus pupilas que me miraban desde ajenas fronteras. Siento el horizonte, el sentido, lo insondable manifiesto. Siento el naufragio irreversible de la epidermis, el vacío del horizonte que me diste estos años con tu presencia, como una ceguera fría del raciocinio. ¿Qué hacer ahora con tu memoria?
Cavo un hoyo bien profundo en el humus, recuesto tu cadáver desnudo y lo recubro de hierba, lo siembro de flores y de lágrimas. No construyo altares, pedestales, pirámides ni estatuas para evocarte, sólo este microcosmos de abedules y hayas, de margaritas y jacintos, para poder transitarte, intuir tu estremecimiento germinal en las plantas de mis pies y impregnarme en el aire, tumultuoso aroma de los misteriosos cielos. ¿Cómo, si no, regresarte a la luz, al origen de donde emanas? Te preparo para una trasmigración natural a través del suspiro, de la luz, del polvo errante.
Crepitas, te haces fibra en las raíces, cristal en la roca, amarillo en la espiga. Exhalas aliento en los perfumes y en la brisa cálida me abrazas y me abrasas. Te esparces, inicias el viaje lento, milenario, a través de las oquedades estelares, buscando el principio, la virgen forma.
El hueco del ser que has sido me absorbe, me extrae, me atrae a su vórtice produciendo distorsiones de luz, de sombras, de pensamientos e incógnitas. Tendido sobre tu túmulo, ansío trasvasarme y convertirme en carne de tu carne, molécula minúscula, partícula... unir el imposible fin con el incierto origen.
Pero un miedo visceral me inquieta... ¿Me recordarás en el viaje de los átomos? ¿En las explosiones de novas, los estallidos de energías sin medida? ¿Nos reencontraremos con nuevas grafías de cuerpos? ¿Podremos amarnos con otros sentidos? ¿Cómo reconocernos? ¿Cómo ser, amada mía, polvo en el polvo y no terminar en el olvido?

4 comentarios:

Laluz dijo...

Cuando lo leí entre los disponibles me encantó, pero ya estaba reservado, obviamente. Precioso texto!

Vir dijo...

me gustó muchísimo!

felicitaciones

ecologismoliterario dijo...

Ohhhh, me he quedado sin palabras...

Nanim dijo...

Gracias, a mí también me gustó mucho el resultado final del trabajo en conjunto.