domingo, 12 de abril de 2009

El decreto



“Los embarazos no deben proseguir más de doscientos sesenta y seis días”. Así ha sido determinado en el Gran Concilio por decreto confidencial. “Se acepta como válido un parto que no llegue a ese término pero la prolongación del período conllevará la muerte ineludible”. Así ha sido previsto introduciendo una modificación en el código genético humano que provoca el nacimiento en fecha o, en su defecto, el aborto.

Los casos que se produjeron durante el período previo con inexplicable frecuencia evidenciaron una anomalía peligrosa: pasadas las treinta y ocho semanas, los fetos incorporaban la memoria de sus ancestros de manera acelerada, a razón de un año por día de permanencia en el útero. Al nacer no requerían de aprendizajes que hubieran sido acumulados por sus progenitores. Se lo denominó “elefantiosis ballenatis”.

Ante el riesgo de debacle del sistema político, las estructuras económicas y las instituciones sacrosantas que proporcionaban la educación conveniente a la permanencia y aceptación incuestionables, el Gran Concilio sancionó la invisible regla y se garantizó el cese de la evolución de la especie.

Los niños nacidos de aquellos partos fueron mantenidos en celdas aisladas y utilizados para experimentar métodos de lavado de cerebro cada vez más eficientes.


Foto: Por Nanim Rekacz, Arboles XY en la costanera de Carmen de Patagones

No hay comentarios: