domingo, 1 de febrero de 2009

Una, cualquiera

Se desnudó y abrió el agua de la ducha. Era el único lugar donde podía llorar en una precaria intimidad. El ruido de la lluvia se mezclaba con el de su llanto.
Gritaba pero sin emitir sonidos. Nadie debía oírla. Que no hubiera testigos.
Que no hicieran preguntas.
Se acurrucó un rato, hecha un ovillo en la bañera.
Más tarde, envuelta en el toallón, salió. Su sonrisa sabía a sal pero no había quien la besara. Sus pequeños hijos jugaban, inocentemente.
-Mami, ¡estás toda colorada!
-Sí, hijo, el agua estaba muy caliente.

Nanim Rekacz, 01 de febrero de 2009

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me identifico totalmente con lo que has escrito.

Angie