viernes, 30 de enero de 2009

Insustancial

Haciendo presión se acurrucaba, inflamada en la tubería, la larga serpiente celeste.
Los moléculas debatían la existencia o ausencia del destino. Excitantes discusiones entre quienes se suponían poseedoras de una misión y aquellas partidarias de un vacuo fluir intrascendente agitaban las entrañas subterráneas. Dios, excelsa mano, nos tiene preparada la tierra, defendían unas. Otras creían en los Mitos Originarios: la Primera Gota Cósmica, Gran Vapor, Océano Generador. Dioses menores formaban panteones varios: Llovizna, la Dama Nívea, Magnánima Catarata. Portadoras de memorias inmemoriales, confundían milenios con milagros, diluvios con duchas, esencias de camelias y detergentes. Y los peces, siempre los peces, cortándolas y pretendiendo dejar huellas. Y las cloacas amenazadoras que arrastraban al Infierno tan temido de las pestilentes concavidades intersticiales infestadas de desechos humanos.
Entonces El, el Hombre, abrió la canilla.
-Andá, vago, hacé algo útil, regá la vereda –había mandado Ella.

Nanim Rekacz, 30 de enero de 2009
Neuquén

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