domingo, 11 de mayo de 2008

El renegado

Siempre ha sido así, desde que el hombre es hombre, estoy convencido de eso. Pero por conveniencia se lo oculta, nadie lo confiesa en público, disuelven la verdad bajo teorías apócrifas que permiten a la sociedad seguir existiendo sin cambios. Todos portan caretas y hacen como que no saben que las tienen puestas, disimulando creer que las máscaras de los demás son rostros verídicos, obtienen a cambio esa misma falaz convicción de parte de los otros. Una gran, gran, grandísima confabulación.

Veamos las madres, por ejemplo. ¿Acaso paren y crían hijos pensando en los pequeñitos? No, Doctor. Los conciben, los tienen y los crían para exhibírselos a las otras madres, para tener qué comparar. Cuando un niño nace, la gran preocupación es la ropita, que sea del color celeste o rosa, por ejemplo. ¿Acaso al bebé eso le va o le viene? Peinados, moñitos, cochecitos, volados, chupetes... todo eso no es para el bebé, es para las demás madres, para que lo vean y haya tema de conversación y de parangón. Que el mío es más lindo, más rosado, menos llorón, más avispado. Y eso cuando son bebés, pero el camino es largo: un extenso derrotero de comparaciones escolares, aptitudes deportivas, cualidades sociales. Ese camino no termina nunca, las madres se pasan la vida hablando de sus hijos con las otras progenitoras. Si no me cree, observe lo que sucede con las mujeres que no tienen hijos, cómo sufren. Y asegúreme que se lamentan por no tener hijos. No Doctor, sufren porque no tienen de qué hablar con esas otras malditas paridoras de tema de conversación.

¿Y los artistas? No hay prueba alguna de que los artistas, sean de la rama que sean, pintores, escritores, músicos, actores, cineastas, fotógrafos, hagan sus obras para el famoso “público”. El público no existe, es una abstracción. A ninguno de ellos les importa un pepino el público, salvo para que paguen entradas o compren sus obras. Lo que ellos quieren es que los vean, escuchen y aprecien sus pares. Y los críticos, porque a los críticos los leen sus pares. Sus pares y aquellos que podrían contratarlos o promocionarlos, con lo cual podrían competir mejor con sus pares. ¿Se entiende? La única valiosa valoración que buscan los artistas es la de otros artistas. Se visten de lujo para caminar por alfombras rojas pensando ¿en qué? en qué ropa se pondrán los otros artistas. Cuando un pintor toma sus pinceles y sus colores piensa en qué dirían los fallecidos pintores, los actuales pintores, los pintores del futuro. Contrasta su estilo, la paleta de colores, el empleo de sombras y de luces, la originalidad o la similitud. Ese es su motor, no esa multitud amorfa e innominada que vaga por galerías y museos, esos incultos que al llegar el sábado no saben qué hacer y buscan en las carteleras alguna exposición donde ir a vagar con alguien haciéndose los que les gusta el arte.

Lo mismo vale para los músicos y cantantes. Si pretenden vender muchos discos no es para satisfacer a miles de fanáticos. Es para poder verse en el ranking contraponiéndose a los otros, para poder decir “tengo más discos de oro que vos”, “vendí más entradas que aquel”, “mi tema se encuentra entre los mejores de la historia”. Y si para eso deben robar letras, plagiar o –lo que es más triste- crear canciones que no coinciden con su propio gusto, no importa, no Doctor. Lo que los motiva es salir ganadores en el cotejo. Mientras tanto agradecen a los espectadores su presencia en los recitales, apoyan clubes de fans, hacen declaraciones a los medios pretendiendo dirigirse a su querido auditorio sabiendo perfectamente que lo que buscan es ser oídos por los otros como ellos, poder enrostrarles su fama y poder de convocatoria.

Nadie escapa a esto, es la gran fabulación social. Veamos a los políticos, esos grandes artífices de la apariencia. Nadie, nadie, nadie, podrá hacerme creer que hacen proyectos para la sociedad, que tienen planes apropiados para la patria, que se preocupan por los ciudadanos, que los impulsa la abnegación y la solidaridad, que sus vidas son un acto de altruismo, postergando sus personales intereses en post del bien común. Aunque ciertamente han abusado tanto de la falacia que es bastante difícil hoy por hoy conservar esas caretas, por eso muchos políticos se enojan con otros políticos. La mano es asi: los políticos sólo hacen lo que hacen para los otros políticos. Son una casta pretenciosa y terriblemente competitiva, feroz. Mantenerse en la cúspide, ocupando puestos de poder, sillones presidenciales, tronos, espacios ministeriales, bancas de congresos, etc., etc., no tiene por objetivo brindar a la humanidad una devolución, no pretenden ser apreciados ni juzgados por el pueblo sino por los otros políticos de sus propios partidos y de los otros. Es una carrera contrarreloj, presionada por elecciones, períodos de recambio, golpes palaciegos. Cualquier camino es válido mientras les facilite tener un micrófono en una conferencia de prensa, renglones en los periódicos, cadena nacional, viajes y reuniones. Repito lo que le dije: para compararse, ni más ni menos, con los políticos de antes, los de ahora, los que vendrán, los de otros países, los del mismo partido, los de los partidos “enemigos”. ¿La gente? Eso es una herramienta que usan, un pretexto para justificar sus acciones y su palabrerío. Votantes anónimos, vulgares ciudadanos, todos son reemplazables, piezas de descarte o conquistables del gran tablero de ajedrez de los estadistas.

Ustedes los profesionales tampoco se salvan, doctor. Los arquitectos, los ingenieros, los abogados, los profesores, los médicos, son todos cortados por la misma matriz comparativa y competitiva. Que yo hice una torre más alta que la tuya, que yo cavé un pozo petrolero más profundo y productivo, que yo gané más casos más difíciles que fulano, que mis clases tienen más audiencia que las de mengano, que yo salvé más vidas que zutano. Nadie construye casas para sus potenciales habitantes, ni busca petróleo para satisfacer necesidades de consumo de los pobladores de la tierra, ni busca condenas para culpables y sentencias justas para inocentes. Nadie quiere curar enfermos por los enfermos mismos. Todo es mera aparición en revistas temáticas, exhibición en congresos profesionales, contraste de resultados en las reuniones entre cofrades. Ser más valorados por los clientes tiene como único fin ser más valorados por los colegas, y eso nadie me lo puede discutir. Usted, doctor, por ejemplo, no me atiende porque quiere conocerme, ayudarme a ser más feliz, ni siquiera pretende que yo me cure y no venga más. Usted me escucha y toma nota y redacta informes y piensa si mi “caso” le será útil en algún debate en la próxima conferencia, si logrará con el análisis y tratamiento algún premio que lucir en su currículo.

No se moleste, no se ponga incómodo. Sé que disgusta cuando yo despejo los velos, por eso me mandaron a verlo a usted, a ver si me convence de que deje de decir estas cosas porque yo soy un fastidio, porque quito disfraces y exteriorizo a todos a la verdad que perturba. La gente, toda la gente, prefiere seguir viviendo y haciendo como que no sabe. Si asumieran y aceptaran la verdad se caerían los argumentos como castillos de naipes y las estructuras oxidadas y artificiales que sostienen sus miserables viditas quedarían expuestas. A nadie le gusta mostrar sus trapos sucios, sus motivaciones incestuosas. Prefieren sus subsistencias de escenario, los telones que ocultan fragilidades y las luces que iluminan sólo aspectos ostensibles. Detrás de la apariencia hay tan poco...

Yo intento superarlo, sabe. Porque la conciencia me aguijonea y no me deja dormir, la sapiencia de la verdad es un grano en el trasero. Por eso vengo y le cuento, porque cuando escribía yo mismo me preguntaba si lo hacía para los lectores cuyos rostros desconocía, de nombres ignorados, de ciudades que jamás visité ni visitaré, o con el objetivo de que compraran mis libros y cuantos más libros vendiera más arriba estaría en la tabla y más escritores me envidiarían; o si era para que me lean otros escritores que se dijeran a sí mismos “qué buen cuento, qué lástima que no se me ocurrió a mí”; o un editor, ¿por qué no? que pensara “qué excelente cuentista, le propondré publicar un libro, venderá mucho y lograré mejor rentabilidad que los otros editores”, o si escribía porque las historias me apretaban y si no las dejaba salir el cerebro me estallaría en mil pedazos. ¿Nunca tuvo una sensación, así? No, claro que no, usted no es escritor, es siquiatra. Lo mencionaré en un cuento, ¿quiere? Tal vez le sirva para destacar mi “caso” en el próximo congreso, es más, si usted quiere me invita y lo acompaño. ¿Ya terminó mi sesión? No me mire con esa cara de distraído, doctor. Usted bien sabe que todo lo que dije es cierto y que los que tendrían que hacer terapia son todos esos millones de seres que me acusan de loco, sólo por continuar plácidamente sus parodias infames. Por favor, permítame tener lápiz y papel en el cuarto, déjeme escribir, por favor... prometo no hacerme daño, qué mal podría hacerme con un lapicito... no me lo clavaré en la yugular, le juro, doctor. Necesito sacar de mi cabeza todas esas palabras que empujan, empujan, empujan, usted no sabe cómo duelen las palabras, doctor.

http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2008_5_11&id=44563&id_tiponota=6
Foto: De un dibujo de Leslie

3 comentarios:

amaliovilla dijo...

El link me pide autorización. No lo puedo ver. ¿Quién lo escribió? me gusta.

Pero creo que los artistas hacen su trabajo por el trabajo mismo, y no por otra cosa, que alguien se vista para la alfombra roja no lo hace un artista, hay muchos artistas desconocidos...

¿Podés sacar la verificación de palabra? hace que sea difícil dejar comentarios.

Besos.

Nanim dijo...

Hola Amalio!
Es un cuento, no lo que pienso yo. Pero... algo de verdad hay...
Saqué lo de la verificación, no me había dado cuenta que estaba configurado así.
Un beso, de Sur a Norte.

Jorge Lombardi dijo...

Me gustó el renegado. La manera de "construir" el relato a través de reflexiones, hacen atractiva la lectura, escapan de las descripciones banales y motivan el interés por confrontar nuestras propias lecturas de la realidad.
Te felicito por esta fresca manera de escribir.