domingo, 20 de abril de 2008

El modelo

- ¿Te dije que sos excelente pintora? ¿Vas a pintar un cuadro con mi rostro? Harás un gran retrato, el mejor que hayas pintado en toda tu vida. Quiero que me pintés.

Su voz en el auricular sonaba melosa y compradora; no cesaba de acosarme con ese pedido que sonaba a orden. Me resultaba petulante, pero divertido. Lo había conocido en una fiesta. Su insistencia para vernos de nuevo se volvió un martirio, aunque acepto que tanto interés me agradaba.

- Dale, voy a tu estudio y me pintás. Te juro que me quedo quietito y seré un buen modelo. Eso, si vos podés contenerte...

Lo tomé como un juego de seducción.

Una tardecita accedí. A la media hora estaba tocando el timbre de mi casa. No me pareció tan hermoso su rostro como el recuerdo que conservaba de la noche de nuestro primer y único encuentro previo. No trajo las rosas que dijo que me obsequiaría y tampoco el vino tinto que había prometido Apretó su cuerpo con el mío en un estrecho abrazo, que me generó cierto rechazo porque olía a subte, a humos urbanos, a cigarrillo.

Ya tenía colocada la tela en el caballete y los óleos listos. Había elegido una paleta de verdes, azules y morados. Al un lado del ventanal había dispuesto un gran sillón para que pudiera ponerse cómodo mientras lo dibujaba. Le expliqué lo que pretendía, la posición adecuada en función de la luz; pero no hizo el más mínimo caso. Se quitó toda la ropa como si fuera un stripper de segunda y luego adaptó una posición más pornográfica que erótica.

Juro que a pesar de eso intenté cumplir mi trabajo, pero cada vez que me daba vuelta y extendía un trazo sobre la tela, él cambiaba de posición mientras me decía frases que en ese contexto eran repugnantes. No lograba concentrarme y cuando volvía mi mirada hacia él, se tocaba la entrepierna o pasaba la lengua por sus labios. Definitivamente, un asco.

- Dale, no seas tonta, vas a ver qué buena pintura te va a salir, soltate, dejate llevar, vení un ratito acá conmigo, traé las pinturas, pintémonos los dos...

Tuve que decirle que se fuera. Se hizo el ofendido, me trató de histérica.

- Vieja loca, ¿para esto me hiciste venir? –gritó y se retiró dando un portazo.

No le echo la culpa, la que se equivocó fui yo, no fui capaz de carme cuenta de que era un estúpido pervertido, no alguien que pensara en serio que yo podía llegar a hacer una obra de arte con sus jóvenes facciones.

En la tela quedaron únicamente unos contornos y algunas pinceladas, perfilando una silueta que ni siquiera se reconocía como un cuerpo. Nunca tuve deseos de continuarlo. A un amigo dueño de un bar le gustó, le advertí que era un cuadro sin terminar, sin título ni firma y aún así quiso comprarlo. Se lo regalé. Una noche que fui a tomar una copa comprobé que los clientes lo habían usado para escribir graffitis. No me molestó en absoluto.

http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2008_4_20&id=44176&id_tiponota=6

http://brevesnotanbreves.blogspot.com/2009/01/mi-hermosa-dama-nanim-rekacz.html
fOTO: por Nanim de una parte de un cuadro sin terminar

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