domingo, 30 de marzo de 2008

Mi hermosa dama

La mujer, aún vestida con su camisón, se cepilla el cabello y se mira al espejo. Observa con detenimiento el contorno redondeado de su rostro y en especial algunas diminutas arrugas en sus ojos que resultan apenas perceptibles cuando se maquilla. La imagen que la contempla desde el espejo es ella misma y a la vez es otra, alguien que no quiso ser, alguien que preferiría no ser. Su larga cabellera rubia va tomando forma, estirándose sus bucles en capas brillantes, oleajes acotados.

Sobre la mesa, entre los afeites, está la carta. Ya la ha leído.

Desde la ventana que da a la calle se escucha el rodar de carruajes. Adivina en la cocina a las sirvientas recibiendo al lechero, empezando a preparar el almuerzo. Avanzarán hasta su cuarto, luego, cuando ella ya se haya vestido y se asome al pasillo. Vendrán a airear la habitación, recogerán del suelo los cabellos rubios que se le hayan caído. En las sábanas aún está presente el hueco dejado por dos cuerpos; en el aire, se mezclan los aromas del hombre que se ha ido y de la mujer que permanece. El hueco y los aromas desaparecerán.

La carta... Una preciosa carta, conmovedora, intensa. Le vienen a la mente algunas frases sueltas, envueltas en su fina caligrafía de tinta: “Mi hermosa dama, mi corazón palpita aceleradamente con sólo imaginar el momento en que nuestros cuerpos se estrecharán en un abrazo infinito”. Él solía decirle “mi hermosa dama” ¿cuándo?. “He tomado la decisión, terrible pero inevitable, de dejar a mi esposa a pesar del dolor que sé que le causaré. Así se lo he hecho saber. Nuestro amor, querida mía, mueve montañas. Espérame, soy tuyo, para siempre. Ya nada ni nadie me separará de tu lado, te pertenezco. La próxima vez que golpee tu puerta, será para quedarme contigo.” Dolor... dolor... tanto se ha dolido de sí misma durante tantos años, que se ha vuelto insensible, como una muñeca de porcelana. “Espérame, soy tuyo, para siempre.” ¿Cuánto tiempo lo ha esperado? Desde el mismo día que fueron presentados ha necesitado de ese hombre, ha sufrido sus ausencias y silencios. Le aconsejaron no involucrarse con él, pero no hizo caso.

Pero ahora todo está claro, la verdad ha emergido, cual un iceberg. Él ha hecho su elección, la ha ejecutado y la ha comunicado. Se pregunta con cierta indiferencia y una pizca de curiosidad qué palabras habrá usado en la carta dirigida a la esposa. A ella ya no le importa, pero a esa otra mujer probablemente sí. Es el destino... se dice. O Dios. O el Diablo que metió la cola.

Lejos de allí, en una residencia señorial rodeada de parques, alguien ha golpeado la puerta y dejado un sobre dirigido a la dueña. La mujer reconoce de inmediato la caligrafía perfecta del hombre que adora con pasión, que la transporta al paraíso con sus besos, que le ha prometido amor eterno. Ansiosa, de pié aún, lo abre y lee: “Mi hermosa dama, ten a bien disculparme por esta manera quizás inapropiada de comunicarme contigo. Simplemente, no quise despertarte ya que estabas tan profundamente dormida. Me llevo la imagen de tus rubios bucles y de tu rostro plácido. Dejaré este sobre junto a tus afeites, sé que lo primero que haces al levantarte es cepillar tu cabello. Un viaje de urgencia por negocios me llevará lejos por algún tiempo. No te preocupes, me mantendré comunicado por carta y nada te faltará durante mi ausencia, tomé los recaudos necesarios. Volveré en cuanto pueda. Tuyo, por siempre, tu esposo.”

http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2008_3_30&id=43781&id_tiponota=6

http://brevesnotanbreves.blogspot.com/2009/01/mi-hermosa-dama-nanim-rekacz.html


Foto: Nanim Rekacz, 2007

1 comentario:

LaMaGa dijo...

Un esposo muy amable.
Miedo me da!
Un besin