domingo, 9 de marzo de 2008

Boca de pozo


Estaba muy oscuro, pero yo tenía ganas de acercarme a la orilla y ver el agua, tocar el agua antes de irme. Yo soy así, ya me conocés, necesito del agua tanto como del aire. En las parrillas estaban todos charlando, riendo, tomándose unos. Cuando me alejaba me crucé con Mario. Venía del montecito, me imagino de hacer qué. Me preguntó adonde iba y le dije que a la playita. Cuidate, me dijo. Y me guiñó un ojo.

Me estremezco con el recuerdo de su rostro tostado, la mirada clara, la sonrisa inmensa. Todo en él es luz y energía que se irradia, que me quema. Su mera cercanía me transforma en otra, genera cambios en mi ritmo cardíaco, me hace erizar la piel. Cuando me roza al pasar las piernas apenas me sostienen.

Me alejé de los faroles y de la fogata, caminando a tientas por eso no ví el pozo y me cai. Era un agujero muy hondo y me deslicé tan rápido que me quedaron los brazos para afuera hacia arriba y el cuerpo metido hasta los hombros. No sé si me entendés, quedé con todo el cuerpo adentro del pozo, los hombros también, sólo asomaban los brazos parados de los hombros para arriba y la cabeza, y no podía mover los brazos, de una manera ridícula y absurda. Del susto, me quedé sin voz. Intentaba gritar pidiendo auxilio y me salía un chillido como de gorrión. Estaba como salchicha en paquete, toda apretada. Para colmo se levantó un vientito y el polvo me entraba por la nariz y los ojos. A lo lejos escuchaba las risas y los gritos y la música. Nunca me había sentido tan sola y con tanto miedo, pensé que me iba a morir ahí como una estúpida, enterrada viva, bueno, muerta, claro. ¿Y si aparecía un zorro? ¡o un zorrino! Hormigas... me dan terror, empecé a pensar que por ahí era un agujero de hormiguero y las hormigas me iban a atacar y devorar como en un cuento que leí una vez creo que era de Quiroga. O una víbora... Aunque no sabía si había víboras ahí, igual me las imaginé.

No sé cuánto tiempo pasó. Una eternidad. Para mí fue una eternidad. Ya no se oían risas, ni música, ni nada. Solo la brisita tirándome polvo en la cara y a lo lejos el rumor del agua. Tenía los brazos dormidos y sentía pinchazos que no sabía si eran porque se me habían dormido o eran hormigas. Entonces apareció. Mario.

Podría haber sido un ángel, mi propio ángel de la guarda. Un ángel demonio seductor. Yo sabía que tenía puesta una musculosa blanca que le marcaba el cuerpo espléndidamente, me había sido imposible evitar mirarlo y admirarlo, y aunque estaba oscuro yo lo intuía, olía su aroma tan masculino y joven.

Su proximidad me daba la tranquilidad del auxilio pero a la vez me convertía en un incendio de deseos.

Pero esto no se lo puedo contar ni a Emilia.

Enseguida se puso a cavar con las manos alrededor de mis hombros y en cuanto se aflojó la presión, tiró de mis brazos y me sacó. Él es muy fuerte, ¿viste?, vos lo conocés. Con las manos nomás cavó la tierra, como un perro. Y me levantó por los brazos como quien alza una hoja de papel. Yo lloraba, lloraba despacito, no tenía energía ni para llorar. Se me hacían surcos de barro en la cara llena de polvo. Y él, todo el tiempo, lo único que decía era perdoname, perdoname. ¿Perdoname por qué?, le pregunté. Por haber tardado tanto en venir. ¿Te das cuenta, Emilia? Es que claro, sólo él sabía que yo me había ido para ahí y tan sólo él podía darse cuenta de que me demoraba en regresar y suponer que podría haberme sucedido algo. Y pedía perdón por eso. Y él también estaba acongojado, me dí cuenta por su voz. Me pasó la mano por el pelo, se quitó la remera, me limpió la cara sucia y después se arrodilló entonces sucedió. Me besó.

Un beso como jamás nadie me había dado en toda mi puta vida. Apoyó sus labios sobre los míos, esos labios gruesos humedecieron los míos de manera lenta, forzándome a abrirlos con una delicadeza inverosímil.

Fue tan dulce, tan suave, tan blando. Fue introduciendo su lengua en mi boca como si fuera un pimpollo de rosa y besándome el alma, bebiéndose mi aire. Eso fue. Dejé de respirar, dejé de pensar, de existir. Todo el mundo, toda la vida, desaparecieron en ese beso. Yo sentí que ese beso no era físico, como se suele decir, que tocaba el cielo con las manos,

¿Cómo podría explicárselo a Emilia?

He besado y me han besado miles de veces, decenas de hombres... pero ese beso, Emilia, si pudiera entenderlo tal vez podría transmitirte lo que me pasa ... no puedo sacármelo de la boca, lo tengo acá pegado, acuoso, carnal y etéreo.

Lo saboreo, lo reitero, me conmueve las entrañas..

Una eternidad. Una eternidad en ese pozo. Una eternidad en ese beso. Me comió el alma, Emilia. Luego se puso de pie, en silencio, conmigo en los brazos como un esposo lleva a la esposa la noche de bodas y me llevó hasta las parrillas. Apenas hablamos. Ya se habían ido todos. Me acercó a casa en su auto. Nos despedimos con un abrazo interminable.

Nunca más hablamos del tema. Cambió su relación conmigo, sabés. Se puso distante, ya no tenemos las charlas de antes. Éramos tan buenos amigos... y ahora me da una pena. Extraño esa amistad y también esa sensación que me dejó en la boca. Yo creo que le da vergüenza haber tenido esa reacción. Y no quiere generarme expectativas. Es tan joven y yo... yo soy una mujer grande. Está bien, tenés razón, no parezco tan grande, pero no me vas a decir que no pesan quince años de diferencia. Yo creo que él no quiere besarme de nuevo, ¿entendés? Ni besarme ni nada de eso y ha de tener miedo de que yo lo busque así, físicamente, y no quiere tener que negarse. Pero yo siento el rechazo igual, porque me doy cuenta. Y se arruinó la relación, la complicidad, la confianza. Eso es todo, Emilia, por eso ya no nos ves juntos como antes, no nos peleamos sino que nos distanciamos.

Por un beso. Por el beso más glorioso que me dieron en toda mi puta vida. Moriría porque ese beso jamás hubiera existido y la amistad no se hubiera deteriorado y mil veces más moriría por caer en un pozo cada noche y ser rescatada y besada otra vez y otra vez y otra vez..

Y no tengo nada...

Bendito pozo. Maldito pozo.

Bendito beso. Maldito beso.


http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2008_3_9&id=43429&id_tiponota=6
Leerlo ahi

1 comentario:

Anónimo dijo...

Maravillosamente bien contado hasta el último detalle.

Yo también hubiera deseado que ese beso jamás hubiera existido para que el abismo entre ambos no se hubiera producido. También daría todo por volver a repetirlo, claro que ya no sería lo mismo.

Gracias por tus cuentos, gracias por Boca de pozo.

Angie