lunes, 29 de octubre de 2007

Manjar de los dioses



El la invitó a cenar en su casa esa noche.

Preparía manjares exquisitos, saturando el aire de aromas de especias que excitarían la lujuria con delicadeza.

Tendrían por mesa, el lecho. Por mantel, las sábanas. Sus manos serían los cubiertos y los platos, sus infinitas epidermis.

Cuando ella llegó, él le sirvió un beso de jerez.

Bébeme, ordenó él. Cómeme, pidió ella.

Y así fue.

Untaron mantequillas en sus panes, ahuecaron sus vientres para ser cuencos tibios donde sorber la sopa. El amasó y sazonó cada curva para darle la forma exacta donde amoldar su pez jugoso.

Masticaron y lamieron, agregaron zumos y mordieron.

La carne fue probada y aprobada.

Desde lejos se oía el entrechocar de sus copas, vaciadas y colmadas una y otra vez. El vino fue derramado, sin querer queriendo, sin desperdiciarse una gota.

Y fueron saciados todos los deseos.

Faltó el postre, dijo él. Mañana, contestó ella, te espero en casa en la tarde, prepararé miel y caramelo.

Y así fue como hicieron el amor Damián, el cheff y Ana, la respostera.

Foto: Por Nanim Rekacz, marzo 2007.
http://brevesnotanbreves.blogspot.com/2009/01/mi-hermosa-dama-nanim-rekacz.html

1 comentario:

Caimán dijo...

Pero qué rico. Se me antojó.