lunes, 27 de agosto de 2007

El cumpleaños del abuelo

Alguien con un encendedor prendía la vela de la enorme torta que ocupaba un lugar destacado en la mesa. Risas, empujones y gritos: pedí un deseo, pedí un deseo, pedí un deseo. Soplar, chispitas y olor a quemado. Luego, como en cada cumpleaños desde que se inventaron esas velas que se vuelven a encender, la llamita resurgía y nuevamente los grititos y los aplausos, Dale, dale, pedí otro, pedí otro... Después, aparecían los voluntarios para soplar: alguna sobrinita pequeña, el gordo Federico que se hacía el superhombre y aseguraba que él la apagaba definitivamente, o se juntaban varios y armaban un vendaval.
Bueno basta, basta, un par de dedos húmedos de saliva hacía chirriar el reducido estambre de la vela derretida y se iniciaba la ceremonia del asesinato de la torta, cortándola en pedacitos. Que la mía no tiene cereza, que a mí dame del borde con más crema, que está muy borracha... Brindemos, brindemos... Chin, chin, chinchulín…
Y él sonriendo, con una sonrisa que ya no mostraba dientes. No recordaba qué había pedido el cuampleaños pasado. Ni el anterior. Sí tenía muy presentes los anhelos de hacía décadas. Una bicicleta con cambios. Que Luisa le dijera que sí. Vacaciones en el Caribe. Recuperar el empleo. Cancelar la hipoteca. Que Marianita terminara la universidad. Que Juancito sentara cabeza. Que el bebé de Samantha fuera sanito. Que Luisa dejara de sufrir.
Esta vez pidió el mismo deseo que el año que pasó, y que el otro, pero claro, no se acuerda... Cumplir un año más, volver a estar en la gran mesa con la gran torta, con la familia reunida y poder consumar la ceremonia de soplar una y otra vez la vela y pedir, una y otra vez, el mismo deseo: cumplir un año más, volver a estar en la gran mesa con la gran torta y la familia reunida, y presidir la ceremonia de soplar una y otra vez la vela y pedir una y otra vez el mismo deseo...

Foto: Por nanim Rekacz, 2007
http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2008_1_7&id=42146&id_tiponota=6

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