miércoles, 1 de agosto de 2007

Chocolate por la noticia

Entonces lo comprendí todo. Puede parecerte idiota, pero cuando uno lee filosofía, estudia la historia, encuentra miles de ejemplos de descubrimientos trascendentales basados en fortuitos hechos. Hasta a los físicos, tan lógicos ellos, más de una vez hallaron respuestas en cotidianeidades.

A uno se le cayó la manzana en la cabeza y dijo “ley de gravedad”, otro se metió en la bañadera y volcó el agua y salió gritando en toalla “Eureka, eureka” y ahora tenemos un Principio de Arquímides. Hubo un tal Colón que con un huevo duro convenció a una reina de subvencionar un delirante viaje. Y si bien esos han sido hallazgos que transformaron al mundo, o al menos lo que pensamos de él, esto que me pasó es importante para mí, para mi vida.

Te cuento en detalle, todo apareció claramente ante mis ojos cuando abrí la caja de bombones. Todos acomodaditos, unos envueltos en brillantes papeles, otros decorados, algunos prometiendo rellenos de licor o de frutas, imposible adivinarlo. En capas, con cereales, aromatizados, con formitas. Una espléndida presentación incitante y seductora. Dos años después de dejarme sin explicación alguna, después de vivir intensa y conmovedoramente los preámbulos de un paraíso que me prometía, reapareció en mi puerta Leandro. Sonriente, arrepentido, con una historia triste y dolorosa para enmendar esa ausencia sin despedida, planteándome que se había equivocado al dejarme.

Leandro y una caja de bombones. Con moño y todo.

Leandro dos años después con una caja de bombones.

Lo escuchaba hablar y olía y miraba los chocolates y ahí fue, como un esplendor, una explosión clarividente, una sabiduría repentina. Lo supe así, de pronto, hay hombres que son un envase de golosinas. Te exhiben el producto, te hacen probar sus delicias y luego... ¿Entendés? Se van con dulces y todo y te dejan con las ganas, con la boca llena de saliva y el estómago vacío.

Si pruebo un bombón de esta caja, querré otro, me dije. Querré todos. Y ¿en base a qué tendría que creer que no volverá a irse Leandrobombón sin dejarme seguir saboreando sus exquisiteces?

Entonces lo dijo: “No te los comas todos, te va a hacer mal”.

Eran las palabras que encajaban justo con la idea y el momento. Levanté la vista del ataúd dorado y sus tentaciones, lo miré a los ojos en silencio y le devolví la caja sin siquiera tomar uno.

Claro que me quedé con las ganas, pero se supone que no debemos tropezar dos veces con la misma piedra, y que agua que no has de beber, déjala correr... ¿Quiénes habían dicho eso?

Foto: Por Nanim Rekacz, árboles XY de la costanera de Carmen de Patagones, fotografiados año tras año tras año tras año...

1 comentario:

Pistachita dijo...

Ays que razon tienes!! A veces hay que ser racional, y no tropezar dos veces con la misma piedra, por mucho que se esté haciendo la boca agua ;)
Me ha encantado como has introducido la historia, y la comparación con los bombones, y gracias por recuperar mi frase ;)

Un besote