domingo, 22 de julio de 2007

Medio cuento

Hacía frío aquella mañana. Pero quién se acuerdo de eso ya...

A Don Gervasio lo conocí ahí mismo, metro más, metro menos. Yo hacía dedo al costado de la ruta, a la salida de la Estación de Servicio. Iba a trabajar en el campo de los Strasberger, me había quedado dormido y por esas cosas del destino, gracias a eso nos cruzamos. Se detuvo un camioncito medio destartalado, para dónde va, preguntó, le contesté y arrancó. Hablaba poco, y yo también, pero con el paso de los días y de los años, nos fuimos conociendo. Yo siempre esperaba en el mismo lugar, porque favores son favores y el hecho de que siempre fuera él el que paraba y me llevaba no me daba derecho a considerar que tuviera la obligación de hacerlo así que nunca fui a la Estación donde él siempre se detenía primero como para subirme ahí de prepo. Él iba a buscar fruta y verdura a las chacras, también algunos cueros y hasta a veces huevos de ñandú. Después volvía a la ciudad y los vendía. Así todos los santos días.

Yo sólo conocía media cara de Don Gervasio. La mitad derecha. No se entienda mal, no quiero decir que fuera un zurdito de incógnito. Sino que como siempre él iba manejando mirando derechito para adelante, nunca tuve oportunidad de verlo de frente. Capaz que alguna vez me lo crucé en el pueblo y no me dí cuenta.
Hay gente que uno conoce así, a medias, y lo otro lo imaginás o ni te lo imaginás porque lo que no se sabe no se sabe que no se sabe. O sea, yo sabía de él –además de la mitad que veía- lo que me contaba. Cuando le preguntaba, claro. Y yo preguntaba poco porque soy de hablar poco. Ya le dije. Salvo cuando me tomo un vino. Como ahora. Que tenía mujer, que tenía siete hijos, que le gustaba el mate amargo y el asado de tira con los amigos. Que iba y venia y compraba y vendía, pero sin robar. Ni al que le vendía ni al que le compraba. Vendió el camioncito, compró una camioneta más nueva con cúpula, después apareció con un furgoncito térmico, y al final andaba con un camión que era un camión camión. Sí, térmico también. Y habilitado.

Pero Don Gervasio siempre paraba y me llevaba. Yo trabajé en varias chacras, hacía temporadas, sé hacer de todo, podar vides, cosechar cebolla, embalar manzanas, cavar zanjas, darle de comer a los chanchos. No le hago asco a nada. Por respeto a Don Gervasio, eso sí, a la mañana siempre iba limpito a trabajar, las alpargatas lustradas, ja ja ja... Para no ensuciarle el asiento ni dejarle olor. Porque vio, nosotros los que trabajamos en las chacras y vivimos en el campo no nos bañamos seguido y se nos pega el humo. Pero no sé, sabiendo que Don Gervasio me iba a llevar, me cuidaba más. El ponía unos arbolitos con perfume en la cabina, y después usaba unos aparatitos que parecen desodorantes. Era lindo aspirar hondo, refrescante, como estar en un sembrado de lavanda florecida.

Bueno, sigo con lo de la media cara. Yo no me había dado cuenta de que sólo conocía el lado derecho de Don Gervasio. Pero una noche lo soñé, fue poco antes de esa mañana tan fría, aunque nadie se acuerde de que hacía frío yo sí me acuerdo porque estaba parado en la ruta. No se ría, pero ¿sabe cómo lo soñé? Caminaba como los egipcios. Mire, yo soy pobre pero no ignorante, y he visto en la tele que los egipcios andaban de costado, ¿no vio los dibujos nunca? Bueno, en el sueño Don Gervasio iba caminando de costado pero iba como sentado, no parado, claro, yo nunca lo vi parado, tampoco sabía cómo era de pie. Sí, medio ridículo el sueño, el caminaba de costado pero sentado y se caía de cabeza. Me dio risa cuando me desperté. No, no se lo conté. ¿Qué iba a pensar el tipo si le contaba que había soñado con él?

Nunca se mandó por delante sin llevarme. Hasta esa mañana, que como le dije, hacía frío. ¿Le dije que hacía frío? Nadie se acuerda, cómo se olvida la gente, lo que es no estar parado en la ruta... Bueno, la cosa es que ví que el camión colorado salía de la Estación y se acercaba a mí, yo levante la mano derecha con el pulgar señalando para el lado que iba, para las chacras. Y el pasó de largo, acelerando... Y ahí lo vi de frente, por primera vez, la cabeza apoyada en el volante, los ojos abiertos mirándome a los ojos pero no me miraba, pobre. El camión terminó frenando contra una loma de tierra que había como a doscientos metros y se volcó.

Yo corrí, llegué antes que los de la Estación.

Le juro que era extraño, era como recién conocerlo. Mirarnos así la cara de frente, al pasar... y lo que fue más chocante fue descubrir su lado izquierdo. Mejor dicho, nunca podré saber como era ese costado, porque se golpeó con el volante de esa parte. O sea, fue chocante porque ese lado estaba chocado.

Sí, yo entiendo que mi pedido es raro. Pero resulta que Don Gervasio no tenía familia ni amigos ni nada. Sí, yo le conté que él me contó que tenía esposa e hijos y que no robaba a nadie y todo eso, pero parece que no era tan así. Ese era el lado derecho, el que él me mostró. Y cuando chocó de frente con la loma conocí el lado izquierdo, que estaba todo roto. No tiene a nadie y nadie lo quiere y parece que era bastante chorro.

Así que el único que se puede hacer cargo del cuerpo soy yo. Y conmigo él fue muy buen tipo. Así que insisto, por favor, ustedes acá en la funeraria seguro que pueden encontrarle la vuelta a mi pedido. Yo quiero que a él lo pongan de costado en el cajón. Y que se vea la cara del lado derecho nomás. Eso es todo...

Foto: Por Nanim Rekacz, Recoleta, B.A., agosto 2006.
Publicado hoy en: http://www.agencianova.com/nota.asp?n=2007_7_22&id=42117&id_tiponota=19

2 comentarios:

Carabiru dijo...

Me ha encantado. Sobre todo ese detalle que le da cuerpo a la historia, esa idea de solo conocer la mitad de alguien.
Que además de original, se me antoja más real de lo que a veces podamos pensar.

Salu2

EMILIO dijo...

SIEMPRE IGUAL USTED, BENO IGUA NO.. SIEMPRE SUPERANDOSE USTED... CANSA...
BESOS Y MI ADMIRACION
EMILIO