sábado, 9 de junio de 2007

La Casa Rosada: de Gran Hermano a Magna Madre - Una utopía político-televisiva

En virtud del éxito demostrado por Gran Hermano, aprovechando dicho formato y en cumplimiento de las obligaciones inherentes al Estado y establecidas en la Constitución Nacional, la Excma. Presidenta y el Congreso en pleno, por unanimidad, resuelven:

1) Se transmitirá 24 hs. por cadena nacional desde la Casa Rosada.

2) La Sra. Presidente será la primera habitante de la misma.

3) Se publicará una lista provisoria de las personas más importantes en cada una de las áreas científicas, artísticas, económicas, etc. Dicha lista se irá modificando a propuesta de los ciudadanos. De ella por voto popular se elegirán los integrantes de la casa, tanto los que ingresen como los que salgan.

4) Supervisarán la transmisión y las actividades de los respectivos Ministros de cada área, por ser los más probos e incuestionables.

5) Se establecerán pruebas de habilidad y conocimiento. En caso de ser superadas, el premio será donado al área ministerial que la ciudadanía decida. Los fondos provendrán de los llamados y mensajes, como así también de las donaciones voluntarias.

6) No se procederá a la edición ni se manipulará la información, cada cámara estará al aire y los ciudadanos podrán elegir libremente cual ver. Se transmitirá en forma permanente en todo edificio y espacio público, instalándose pantallas a tal efecto. No habrá cámaras en los baños ni en área destinada a dormir.

Y así fue...

La Sra. Presidente, ante la mirada atenta de millones de personas, empezó a dirigir el país. Gracias a los avances tecnológicos, todo podía hacerse desde su despacho vía telefónica, internet, conferencias virtuales. Vimos y escuchamos conversaciones, negociaciones diplomáticas, discusiones tensas.

La gente empezó a votar a los nuevos habitantes de la casa propuestos en la lista de los Ministerios. Un premio Nobel de Física, una escritora de novelas de ciencia ficción, un economista doctorado, una médica especializada en alimentación, un empresario de la industria informática fueron los primeros elegidos. Cada uno de ellos, tuvo acceso a sus elementos de trabajo y posibilidad de continuar supervisando sus actividades externas. Las primeras charlas comunes fueron tensas, nadie se conocía y parecía que hablaban diferentes idiomas. Pero de a poco se fueron integrando en lo humano personal y en lo laboral. Había escaso tiempo libre para hablar superficialidades, pero fueron descubriendo puntos en común y diferencias.

La gente, ante las pantallas gigantes, presenciaba los debates en la mesa del almuerzo entre la médica y el economista, elaborando una propuesta alimentaria que contemplara los recursos materiales y la salud. En un rincón del living, el físico y la escritora desmenuzaban teorías acerca del origen del universo y la existencia de seres vivos en otros planetas. La presidenta y el empresario, por su parte, mantenían una acalorada discusión en la cocina, mientras preparaban café con galletas, acerca de la libertad de expresión, la información accesible a todos y la rentabilidad del conocimiento limitado a unos pocos.

A la semana, la lista de postulantes a ingresar a la casa, se había centuplicado. Algunos, se proponían a sí mismos. Otros, se agregaban producto de petitorios y miles de firmas avalando la solicitud. Se sumaron por el voto telefónico y sms cinco nuevos participantes. Los fondos recaudados, se destinaron al Ministerio de Salud, por el mismo sistema de voto ciudadano.

Una investigadora del Conicet en el área ambiental, un deportista ganador de tres medallas de oro en las olimpíadas especiales, una bellísima modelo conductora de desfiles, un futbolista idolatrado, un director de cine premiado en Hollywood, se incorporaron a la Casa más famosa del país.

Los siguientes quince días, fueron de agitación dentro y fuera de las habitaciones. Las cámaras no dejaban pasar detalle, la gente en las calles, en las oficinas, en los hogares, trasladaba lo visto y escuchado a sus diálogos y acciones. Rememoraban la reunión mantenida en el Salón Azul entre los científicos y la Presidenta, en videoconferencia con los especialistas de diferentes áreas que elaboraron un plan para aprovechar los recursos naturales sin contaminar, que sería sometido al Congreso en los próximos días. La gente exigía ser escuchada, enviaba correos electrónicos con propuestas y reclamos. El empresario informático, en línea directa con su grupo de trabajo, armó un programa que permitía procesar los mensajes recibidos del exterior de la casa y sintetizarlos en una base de datos accesible y comprensible. Contó con la ayuda del deportista olímpico que resultó un impresionante creativo a la hora de resolver problemas olvidándose todos de que no podía caminar. La modelo se cansó de recorrer con pasos elegantes los pasillos, seguida por la mirada provocadora del futbolista, y decidió ponerse a leer un libro en la biblioteca. El futbolista, aburrido de patear solo la pelota por los jardines, se acercó a la médica. Al director de cine le costó integrarse, puesto que miraba a los participantes desde cierta superioridad, buscando encuadres, imaginando la música de fondo, rescatando diálogos. Hasta que una tarde, tomando mate, se puso a conversar con la novelista y para delirio del público, empezaron a armar juntos un guión para una superproducción.

En cuanto a los juegos, el primero fue estresante. Los Ministerios entregaron un cuestionario múltiple a los once habitantes, con preguntas sobre todas las áreas del conocimiento humano y una serie de items referidos a los convivientes. Cada uno, aislado del otro, debió responderlos en un plazo de ocho horas. Las preguntas se hicieron públicas, y de punta a punta del país todos intentaban contestar los interrogantes. Luego, aprovechando el programa creado en la misma casa, se procesaron los datos. Muchos pasaron vergüenza, dándose cuenta de la parcialidad de sus conocimientos, de la poca atención prestada a sus propios compañeros de vivienda. La gente, por su parte, pudo contrastar sus respuestas con las de cada participante y las consideradas correctas por los Ministerios. Más cuestiones se multiplicaron: no todos los ciudadanos estaban de acuerdo con las respuestas planteadas verdaderas por las autoridades. Los Ministerios, en pleno, resolvieron facilitar material de estudio dentro y fuera de la casa. Fue una semana en la que nadie quiso quedarse al margen del desafío, podía verse en las pantallas a alguien leyendo libros solo con música clásica de fondo, a un par en una mesa llena de papeles y apuntes y enciclopedias abiertas, otros tres estaban con sus computadoras encendidas, preferían trabajar con la información de la red y elaborar sus resúmenes en Word. Más allá, los demás habían organizado una especie de conferencias, en las que cada uno exponía sus saberes y los demás preguntaban y tomaban nota. Se interesaban unos en otros, respetuosamente. Los mismos esquemas se repetían en los hogares, escuelas, oficinas, talleres.

La prueba fue una fiesta, una exteriorización volcánica de ideas, conceptos, diferencias teóricas, descubrimientos prácticos, canalización de inquietudes.

Fue superada ampliamente, y el premio fue destinado por unanimidad a todos los establecimientos educativos que lo necesitasen: libros para leer con los ojos y los dedos, computadoras y servicio de internet gratuito, y docentes capacitados para capacitar en su uso, adecuadamente pagos.

Así pasaron las semanas y los días, algunos habitantes fueron saliendo, deseosos de volcar su experiencia en la vida real. Otros, se sumaron y aportaron sus conocimientos, sus capacidades, sus historias. Entraron y salieron sabios desconocidos, humildes trabajadores manuales, famosos ignorantes, artistas innovadores, tradicionales conservadores, políticos deseosos de hacerse ver y escuchar, hacendados hacendosos, jugadores de baraja que barajaban y daban de nuevo, equilibristas, domadores de elefantes azules, barrenderos orgullosos de la limpieza de la ciudad, pintores de brocha gorda y de pincel fino, escritores de poemas, cantantes de tango, pianistas virtuosos y no tanto, bailarinas de cabaret y del Colón, veterinarios especialistas en felinos y hasta los mismísimos gatos.

Las pruebas eran complejas y disímiles, exigían trabajo en equipo, decisiones drásticas, renunciamientos, reconocimiento de errores, paciencia, empuje, integración, asimilación de lo nuevo, rescate de valores antiguos y olvidados, aceptación de la razón ajena, no discriminar...

La Casa Rosada abrió sus puertas, la gente ingresaba y se iba, las pantallas seguían transmitiendo 24 hs. al día pero la población estaba tan ocupada estudiando, trabajando, creando, inventando, construyendo, que no siempre prestaba atención. La dinámica de crecimiento individual y de la nación era tan rápida que el programa informático estaba al límite en forma permanente.

Los demás países nos imitaron y así se fueron multiplicando en el planeta las residencias célebres: la Casa Blanca, los palacios reales, el parlamento Europeo, y hasta el Vaticano. De Oriente a Occidente, África, Oceanía... El mismo fenómeno se repitió. Y las casas luego se abrían como flores y semillaban y la Tierra toda pasó a ser la Magna Madre fértil, amorosa, contenedora, estimulante, equilibrada, libre...

Foto: por Nanim Rekacz, Casa Rosada, Buenos Aires, Argentina, enero 2005.
http://www.nova-noticias.com.ar/nota.asp?n=2007_6_9&id=40670&id_tiponota=3

1 comentario:

Emmanuel Frezzotti dijo...

Muchas gracias por pasar por mi blog y por tu hermoso comentario. "Mi" mundo está abierto para cuando quieras visitarlo.
Ahora me quedaré aquí, en el tuyo, leyendo.

Saludos!