lunes, 16 de abril de 2007

Convicciones femeninas

El sábado comenzará a darse cuenta de que soy lo mejor que pudo haberle sucedido en la vida. Yo no sé por qué hasta ahora no ha caído en la cuenta de que no hay nadie, nadie, nadie mejor que yo. ¿Quién está pendiente de cada detalle, quién sabe si las camisas están planchadas, si hay que pagar el gas, si se acabó el desodorante de ambiente? La luz de la recepción a la noche cuando llega está prendida, el felpudo derechito, y no se tropieza con nada que haya quedado olvidado cuando saliera apurado al trabajo. Porque él siempre está apurado y ahí queda todo, camperas, carpetas, y hasta los zapatos. Soy yo quien quita las arrugas de sus sábanas, la que acomoda los libros en los estantes y no permite que haya ni una mota de polvo en los muebles, se vea o no se vea. Abre la heladera y hay cerveza. Abre el freezer y hay comida lista, la que más le gusta. ¿Acaso alguna vez tuvo que hacerme algún reclamo? ¿Le faltó una papa frita para la picada?

El sábado se dará cuenta, estoy segura. Años de acostumbrarlo a esta perfección absoluta, impecable, reluciente, a los tenedores junto a los tenedores y las servilletas siempre blancas y dobladitas en el segundo cajón a la derecha. Las medias azules con las medias azules y los calzoncillos blancos con los calzoncillos blancos. Jamás le ha faltado el papel higiénico al lado del inodoro ni las toallas, la de las manos, la de los pies, la del cuerpo, todas del mismo color y limpitas. Nunca olor a humo, ni colillas, a pesar de que cuando se va quedan restos horribles por todos los cuartos. Yo sé que cuando abre la puerta, aspira el aroma a lavanda y sonríe. ¿Y los vidrios? Ahí sí que me merezco un monumento, porque parece que no hubiera vidrios en esta casa.

Sí señor, este sábado empezará a darse cuenta de que será mejor que me dé un aumento antes que quedarse sin empleada doméstica.

Foto: de Leslie Rosales Rekacz, por Nanim Rekacz, abril 2007

http://www.agencianova.com/nota.asp?n=2006_12_22&id=36303&id_tiponota=20

3 comentarios:

Mr.Frederick Kerry King dijo...

Debo confesar que me imaginaba una de esas conclusiones a las que llegan esas mujeres aburridas de hacer lo mismo y no ser reconocidas por su marido!!! generalmente cuando se dan cuenta le dan un boleo y comienzan a hacer la vida que siempre desearon!! sin importar que edad tiene!!
Si no fuera la empleada domestica la de la reflexion!! le daria el consejo de que empiece a vivir la vidaaaaa
Un saludo estimada

Dr. John Wolfskehl dijo...

Coincido con mi amigo preopinante. Me imaginaba la esposa despechada que engañaba al marido o lo asesinaba. Muy original el final.
Pasa por nuestro blog que tenemos cosas nuevas, y además la noticia de un concurso de relatos que inició otro blog, y que supongo te va a interesar por tu perfil literario.
Saludos

Anónimo dijo...

Será que es la empleada doméstica o más bien la reflexión de una mujer postergada? Mmm yo más bien me inclinaría por ésta última...

Muy bueno el relato. Ojalá sea leído por muchísimas mujeres en la misma condición que la de Convicciones...

Saludos, Angie