domingo, 25 de marzo de 2007

Que los cumplas infeliz...

Apenas dos días después de mi cumpleaños, él me dejó. Era previsible, porque después del trabajo que se había tomado en organizar los festejos, y sabiendo lo importante que era esa fecha para mí, no me iba a dejar en banda así como así. Fue todo un caballero, no podía reprocharle nada. Hasta se ocupó de recoger todos los desechos de la fiesta, lavar los manteles y las servilletas, devolver todo lo que le habían prestado (los centros de mesa, el equipo de música) y pagar las cuentas de alquiler del local y de los animadores.
No faltó nada: flores, brindis, souvenirs... Cada detalle, perfecto. Meticuloso hasta el hastío: los colores en gamas adecuadas, la música justa para bailar o para descansar, los sitios en las mesas ocupados por los invitados exactos para que la reunión además de divertida resultara productiva para los negocios.
Todo funcionó como un reloj. Él era un reloj.
Durante el evento se comportó como si nuestra pareja anduviera de maravillas, disimuló tan bien que pensé que se había equivocado de profesión y en vez de contador debería haber sido actor. Hasta logró engañarme y que por una noche creyera que quizás, tal vez... nuestra relación pudiera recomponerse. Hermoso regalo, pensé: permitirme sonreír sinceramente, disfrutar...
Cuando se pasó la euforia, los obsequios fueron abiertos y acomodados, el vestido mandado a la tintorería, y los efectos de la resaca se disolvieron me dijo, simplemente, “me voy para siempre”, me dio un apretón de manos y se retiró del cuarto, de la casa, de mi mundo.
Lo desagradable fue cuando me trajeron las fotos y el video. Estaba él ahí, siempre, a mi lado, detrás, delante... amargándome para siempre con la presencia de su imagen el recuerdo de mi mejor fiesta de cumpleaños.
Ahí me di cuenta que más que su caballerosidad había sido una jugada muy bien pensada, una venganza ácida, histórica, imborrable, perecedera.
No sé por qué, pero sentí olor a orín.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Duro y amargo, pero ha pasado, no lo dudo ni por un momento.

He conocido mujeres que han tratado de recortar esas malditas fotos y hasta se han librado del video recordatorio, pero... quién te quita de la mente los recuerdos?

Te felicito, me gusta la forma en que escribes.
Angie