viernes, 23 de marzo de 2007

Nacidas en los sesenta

Las mujeres tenemos el absurdo y anticientífico propósito de tratar de ser como otra para ser nosotras mismas. Gruesos tratados de psicología, sociología y... marketing así lo demuestran. Pero los modelos han cambiado con los años...

Cuando nuestras abuelas eran jóvenes, la tradición indicaba repetir el esquema aprendido de la progenitora. También cuando nuestras madres eran jóvenes, los ejemplos a imitar eran nuestras abuelitas. Habían llegado a estas tierras algunos destellos de la liberación femenina, pero se tenían presentes los valores, la ética, los objetivos, aunque se bailara rock and roll y se estudiara una carrera universitaria. ¿O no escuchamos una y otra vez “como decía mi madre”? Al menos esos modelos eran mujeres más grandes que una... con más edad, más experiencia... Las nacidas a mediados del siglo pasado crecimos bajo el signo de “no ser como tu madre”. Y no sólo eso, incorporamos un problema de solución imposible: ser eternas jovencitas. Pero no me refiero a ser físicamente como las chiquilinas de ahora, en sus extremos de bulimia y anorexia. Sino a ser como éramos a los 20. ¿Cómo volver a ser las que fuimos! ¡Lo más grave es que con los avances de la medicina, llegaremos a vivir muchos más años que nuestras bisabuelas! Si hay algo que todavía nadie ha podido hacer es detener el tiempo, menos llevarnos a nosotras hacia atrás. Hay que asumirlo... ni con dietas, gimnasio y cirugías podremos ser jamás idénticas a esa foto de fin de curso del secundario. Prestemos atención a los slogans: “Recupere la figura” “Vuelva a tener la piel tersa y sin arrugas”. Nos saturamos por un par de décadas con comida chatarra, única posible por los minutos disponibles para ser cocinerita después de la jornada laboral y con los niños chillando “Tengo hambre, ma, tengo hambre” (¿a eso lo llaman liberación femenina?). Nuestro rostro se contrajo nerviosamente periódicamente con cada nuevo plan económico que agregaba ceros a los billetes o atrapaba los ahorros como si fueran ganado ajeno (y ciertamente dejaron de ser propios y pasaron a ser ajenos). En mi caso, además, soy de las que vino a poblar la Patagonia y acá el sol y el viento me esculpieron la cara y me encorvaron la espalda... ¿Puedo pretender ser la que fui antes de las grasas saturadas, las amarguras y el clima hostil? Los posmodernos paradigmas proponen cuerpo saludable -lo de mente sana ya no es considerado tan importante-, alimentación ligth, aunque sea transgénica y silueta que quepa en las tallas de ropa que hay en las tiendas. La verdad es que tampoco nos atrae ser como aquellas matronas de delantal y chancletas, ni como nuestras madres a sus cuarenta, ni es válido procurar ser como nosotras mismas hace veinte años, ni como nuestras hijas ahora, ni como las modelos piel y hueso ni como las viejas estiradas plásticamente... Quizás no debamos aspirar a ser otras, y sea más correcto descubrirnos y aceptarnos a nosotras mismas aquí y ahora, únicas, con nuestras contradicciones, y superarlas con un nuevo arquetipo.
Eso pensaba, caminando con mi hija lentamente bajo el solazo de la siesta, por la calle de tierra, ambas de jean y zapatillas, mientras conversábamos sobre nuestros novios, y ya saboreaba el dulce sabor de los pastelitos de membrillo caseros que recién había comprado en la panadería de doña Marta.


http://www.agencianova.com/nota.asp?n=2006_11_22&id=35534&id_tiponota=20
http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2007_6_7&id=37987&id_tiponota=11

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